Jason.
Parte de mi venganza, la cubrí en la mañana, mientras veía a la amazona ruborizada, fuera de sí, saltando y arrojando almohadas, mientras se sentía totalmente avergonzada.
Adoraba, verla así, era totalmente deseable, una diosa vengativa, destructora de hombres, ese fuego en mi cama, iba hacer que acabáramos los dos consumidos en las llamas.
Por desgracia la triste realidad se imponía, me había pasado toda la noche cumpliendo las ordenes de mi exigente jefe. Y hoy por la mañana en todos los periódicos estallaría la bomba. Habíamos planificado muy bien la caída de la empresa Campbell, desde que, hacía meses, mucho antes de que la señora Miller volviera a la vida de mi enamorado amigo. Y hoy había estallado todo, varias veces Marcus Campbell, pudo haberse librado del gran castigo que le esperaba, si hubiera atado en corto a su mujer y a su hija, quizás incluso, podría haber salvado su empresa.
Teníamos la sospecha, Norman y yo, que Marcus Campbell no tenía nada que ver con el comportamiento de su malvada familia, así que lógicamente, salvar su empresa dependería de las medidas que tomara a partir de hoy, con las responsables del hundimiento de su empresa.
Tras el interesante desayuno, o semi desayuno en el caso de la resacada modelo, recibimos ambos la llamada de nuestros respectivos amigos.
Mientras yo ponía en antecedentes a mi jefe de cómo se iba desarrollándose la estrategia planteada y los siguientes pasos que íbamos a dar, la escurridiza Kimberly Peterson, me abandono como una autentica ladrona, no sin antes dejar una sugerente y provocadora nota, para que yo continué obsesionado con esa mujer.
Tras leer la nota, no pude evitar sonreír, la sirena, estaba obsesionada con mi trasero, era un dato que pensaba guardar en mi memoria, para provocarle más de un mal momento en el futuro. Recogí también la tarjeta que, me había dejado para pagarme la ropa y la tintorería del vestido que le arranqué ayer cuando la desnudé, ya que me lo estaba poniendo difícil.
Ese vestido no serviría para ponérselo más nadie, había acabado totalmente destruido, me encargaría de decirle a mi jefe que me quitara del sueldo el valor que ese caro vestido costaba, para reemplazárselo a su esposa. Jamás dejaría que mi mujer pagara nada, que era mi deber, la felicidad y cumplir los sueños de Kimberly Peterson, era mi misión en la vida a partir de ahora.
Económicamente estaba muy bien, desde luego mi trabajo eran uno de los mejores pagados del gremio, por otro lado, aún tenía la herencia que había heredado de mis agotadores padres, que eran más que escandalosa. No llegaba al nivel de Norman Peterson, pero desde luego era uno de los hombres más ricos de Nueva York.
Aunque si soy sincero, vendí todas las propiedades y la empresa que heredé de mi padre, tras su muerte, en accidente de tráfico, junto a mi madre, mientras ambos discutían, como siempre, en el coche. El dinero de la venta y el activo que tenían mis padres, lo ingresé en el banco, para así vivir de los intereses que me generaban. Pero, cuando me puse a trabajar para mi mejor amigo, ya ni eso necesité, así que actualmente, ni sé cuánto dinero tengo.
Debía ponerme al día en eso, pronto me casaría, y mi mujer se merecía todo lo mejor. Sí tenía que dar ese paso, y desde luego que sería para toda la vida. Guardé la tarjeta, no pensaba usarla, pero sabía que esa pelirroja no permitiría que se la devolviera, cuando nos casáramos, transferiría ese dinero a su cuenta. Ella nunca se enteraría.
Me senté a relajarme en el despacho, mientras revisaba algunos documentos, en ese momento, sonó el teléfono. Era del responsable de la seguridad de Kim.
Ella no sabía que le había puesto seguridad. Desde que, en la fiesta de aniversario de la empresa, había sido perseguida por esos desgraciados, decidí protegerla. Esa mujer era demasiado hermosa y deseable. Esto atraía a más de algún cabrón salido, que entendían que ser una mujer deseable significaba que era fácil.
Además, en su trabajo, se creaban envidias, hombres que subestimaban a las modelos y acosadores, que, para mi paz mental, deseaba evitar.
Cogí el teléfono inmediatamente. Vi que era una video llamada, al descolgar, vi la extraña situación que se desarrollaba en la pantalla, delante de mí. Kimberly estaba delante de Elisay Campbell, madre de Maryori y tía de la señora Miller.
Estaba gritándole a mi mujer, exigiéndole ver a su sobrina. Como siempre que, a la Sirena, se le presentaba un reto, o cuando alguien ofendía a las personas que ella quería, esa mujer no daba un paso a otras, se transformaba en una autentica valkiria de pelo de fuego, sedienta de sangre, respondió a la señora Campbell con todo el veneno que tenía dentro.
Vi como la tía de la señora Miller, pasaba por todos los colores de la furia, y finalmente, casi sin aire, ordenó golpear a mi mujer. Mi corazón comenzó a latir con rapidez.
-” Protéjanla, ¡Cómo uno de esos hombres toqué un solo pelo de mi mujer, mátenlo!”- grité.
En un segundo vi como llegaba la señora Miller con sus guardaespaldas, pero ya dos de los hombres de la empresa de seguridad de los Miller, que había contratado para cuidar a Kimberly, habían neutralizado a los dos hombres en el suelo.
Mi mujer pensó que eran parte de los escoltas de su amiga, ya que trabajaban para la misma empresa y vestían igual.
-” ¡Modo incognito! y continúen vigilándola, envíeme un reporte cada hora.”- le indiqué y colgué.
Espere el reporte de los escoltas de los bebes, para notificar todo a Norman. Una vez recogida la información, la derive a mi jefe.
-” Al parecer, Norman, la tía de tu esposa no sabe cuándo parar.”- le comunique por el móvil.
-” Ejecuta la segunda fase, esta noche la quiero en comisaria y que se descubran todos los secretos de Maryory y Elisay Campbell, espero que Marcus no esté tan enamorado de su hija y su mujer, porque esto va ser su muerte.”- me dijo mi jefe.
-” Ahora mismo, CEO.”- colgué mi comunicación con el presidente.
-” Segunda Fase”- di mis ordenes, y me dirigí a cambiarme, para salir a realizar el resto de los asuntos que tenía organizados para hoy, pese a ser mi día libre. Ser el asistente de Norman Miller, equivalía a estar veinticuatro días y siete días a la semana en alerta.
Mientras me colocaba la corbata llegó el reporte de los escoltas de los bebes y el reporte de los escoltas de Kimberly, ambos coincidan, la señora Miller y los bebes, estaba en el set de fotografía de la diosa pelirroja, me dieron ganas de ir a verla trabajar, había visto algunas fotos de algunos trabajos que había realizado, en anuncios y en pase de modelos, y si soy sincero me sentí impresionado por su profesionalidad. Se la conocía en el mundillo como la reina de hielo, porque no dejaba que sus emociones afectaran en su trabajo, además al contrario de muchas de sus compañeras no usaba su belleza para conseguir un Sugar Daddy, para cuando acabara su carrera.
Es por eso que estaba entre las finalistas par ser la imagen de los centros comerciales Miller. Sonreí, me encantaba esa mujer.
Cuando ya me disponía a salir de mi piso, me llegó otro reporte que hizo saltar todas las alarmas, esta venia en forma de mensaje, lo había enviado Brandon, el jefe de seguridad de la señora Miller.
-” Avistado en el set de fotografía a Harry Murray, es uno de los patrocinadores de unos de los coches que se van a fotografiar con la modelo señorita Peterson. Se le ve actitud sospechosa, desde que llegamos se ha mantenido oculto a la vista de la señora Miller, aunque no ha dejado de mirarla. Procedemos a modo seguimiento en modo sigiloso”-
Avisé a la limusina de Norman para que lo recogiera, sabía cómo funcionaba la mente de mi amigo. Tras esto, reenvié el mensaje al CEO Norman Miller. No tardo en llamarme.

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