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La noche que te convertiste en la madre de mis hijos. romance Capítulo 44

Norman.

Cuando me desperté en la mañana, después de una noche de pasión, me di cuenta que Yvaine, ya se había levantado, y había medio arreglado el salón, mi ropa estaba colocada junto a mí, y en el salón solo me encontraba yo.

Me vestí con el pantalón y el bóxer, y desistí de ponerme la destrozada camisa que me había arrancado mi mujer. Sin miramientos, ante cualquier miembro del personal de servicio me viera sin camisas caminando por la casa, recogí el móvil y mientras me disponía a salir, vi que tenía un mensaje de Jason. Lo abrí y en ese momento supe que tenía que haber esperado un poco más.

Con esta información solo podía hacer una cosa, reunirme con mi mujer, ser lo más sincero posible, y apoyarla en todas las decisiones que ella tomase, sólo esperaba que esto no afectará a la amistad que tenía Yvai con su mejor amiga.

La encontré duchándose en nuestra habitación, estaba preciosa mientras el agua le caía por su cuerpo, donde se observaban las marcas que nuestra noche de pasión había dejado en ella, esto me recordó la primera vez que la metí en la ducha para, como todo un caballero, poder aliviarle el deseo sin tener que aprovecharme de ella, aunque no sirvió de nada, esa imagen de ver a una sirena con a la ropa pegada al cuerpo mientras su cara estaba roja bajo los efectos de la droga, rogándome y suplicándome que la ayudara a apagar ese fuego, aun me excitaba. Sin pensarlo me desnudé y me introduje en la ducha con ella.

Al sentirme a su lado ella se quejó, intentado alejarme con sus manos.

-” ¡Ah, no! Señor Miller, me tienes agotada, y hoy quiero estar con los niños, así que estese tranquilo y relajado, necesito caminar y estar despierta, ya …”- no la deje terminar y atrayéndola a mi cuerpo comencé a besarla, adoraba besarla, su sabor me tenía hipnotizado, anulaba mi juicio, y me volvía loco.

No pretendía volver a hacerle el amor, sabía que después de anoche, su pequeño cuerpo, tenía su límite. Las marcas rojizas en su cuello, pecho e interior de los muslos, además de la que tenía yo en el mío, en especial en mi espalda y mis hombros, donde marcas de arañazos y mordeduras se hacían evidentes, eran la clara muestra que no podríamos aguantar otro asalto. Eso no evitaba que los gemidos amortiguados por mis labios, sonaran en mis oídos como el canto destructivo de una sirena, atrayéndome a destruirme contra las rocas.

-” O dejas de gemir, o nunca saldremos de esta habitación y nos encontraran muertos, pero saciados”- le dije en un gruñido ronco de deseo apoyando mi frente en la suya, mientras la abrazaba. Su mirada era puro deseo, y a mí me estaba costando la vida mantener el control.

Deseaba ser interrumpido por mi abuelo, o por alguien del personal que tocara la puerta, lo que fuera, que los bebes nos solicitaran, porque en ese momento peligraba la salud de ambos, si me dejaba arrastrar por la mirada de la reina de las sirenas.

Sólo un pensamiento me hizo regresar a la realidad, el mensaje que me había enviado Jason, donde demostraba que era hora de estar a poyando a nuestras mujeres, por lo menos hasta que se supiera la verdad.

-” Cariño, tenemos que hablar, del padre de Kimberly”- le dije mientras la abrazaba. Para que ella, me prestara atención. Me miró extrañada.

-” ¿Por qué tenemos que hablar de eso?, le pedí a Jason que averiguara quien era, en todo caso la primera que debe de saberlo es mi amiga, digo yo”- me dijo mientras comenzaba a besarme el pecho, bebiendo las gotas de agua que corrían por el mientras la ducha nos mojaba.

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