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La noche que te convertiste en la madre de mis hijos. romance Capítulo 43

Jason.

-” Desde luego Jason, ¡te estas luciendo! Aquí estoy haciendo llamadas al caprichoso y déspota de tu jefe, el maldito está teniendo sexo desenfrenado con la mujer que ama. Y yo aquí aguantándote las ganas, mientras, en la habitación de arriba, tengo encerrada con llave, a una amazona pelirroja, que prácticamente se desnudó delante mía, para conseguir ganar una estúpida apuesta que hice con ella. “- pensaba, mientras realizaba las pertinentes llamadas para cumplir las órdenes de mi jefe.

No sabía lo que había hecho mal, desde el momento que secuestré a la pelirroja modelo, se había empeñado en ponerme las cosas difíciles, ya desde el jet, me extrañó que se mostrara tan tranquila y sumisa, me sospechaba que en cualquier momento saltaría sobre mí para golpearme o dejarme lesionada alguna parte importante de mi cuerpo, pero no, durante todo el viaje se mantuvo tranquila y sonriente, y eso fue lo que me dio más miedo.

Es la misma sensación, qué tienen los ratones ante la serpiente, sabes moverse de manera insinuante sonreír con esa lengua bípeda, y de repente salta sobre ti cuando menos te lo esperas.

Aunque sí soy sincero esperaba más bien un ataque físico, un golpe, una patada en cierta parte de mi cuerpo qué me doblarían dos, pero no lo que me encontré cuando dejé a la sumisa modelo en la mansión de verano que aún conservaba mi familia, fue una seductora bruja, que nada más entrar por la mansión, comenzó a desnudarse, sin importarles si hubieran empleados o guardaespaldas a mi alrededor.

La imagen que iba dejando su cuerpo al desnudarse, mientras yo ordenaba que salieran todos de la de la mansión de manera urgente, con los ojos cerrados, me trajo el recuerdo de lo que había vivido horas antes.

-” ¿Qué es lo que pretendes hacer, pelirroja? Ni se te ocurra soltarte ese vestido y quedarte desnuda delante de mí.”- le dije, agarrándole las manos, para que no continuara desnudándose.

Ella me miró con esos ojos traviesos y retadores, sabía que quería salirse con la suya. Me estaba provocando para que yo perdiera el control, y así, si antes de conseguir llevarla al altar, la tenía en mi cama para que ella me entregara su primera vez, se libraría de mí, y no tendría por qué casarse conmigo, según la apuesta que hicimos, tendría que dejarla en paz, y eso era algo que no estaba dispuesto a hacer.

Nunca he perdido en nada y este no iba a ser la primera vez, así que enrollé a la traviesa modelo, con la primera manta que encontré sobre el reposabrazos de uno de los sillones del salón, la envolví como una momia para evitar que se destapara, cogiéndola entre mis brazos, de la forma que últimamente me había acostumbrado a transportar a la beligerante amazona, a todas partes, sobre mis hombros, como si de un saco de papas se tratara.

La subí a la habitación principal, mientras ella gritaba como una autentica reina amazona intentado patearme en alguna zona delicada y sensible, gracias a que la tenía inmovilizada con la manta, ni sus manos ni sus piernas dieron con ningún punto vital de mi cuerpo.

Conseguí llevarla a la única habitación, en toda la mansión, que tenía llave, así que cuando entré en la habitación, la arrojé sobre la cama, haciéndola rebotar sobre el colchón, mientas su cuerpo luchaba con la manta que la envolvía, esto me dio tiempo, para acercarme a la puerta y protegerme con ella, ante cualquier arma arrojadiza. En ese momento le dije.

-” Espero que estés cómoda, procura descansar bien y duerme feliz en nuestra cama. Te aconsejo que te duches, para calmar tu calor.”- esto último lo dije casi cerrando la puerta, así que la reacción de ella a sólo me hizo sonreír. Mi adorada guerrera, comenzó a tirarme de todo lo que encontraba a su paso, y pudiera ser lanzado, gritando como una valkiria.

Yo me protegía con la puerta como escudo ante todo lo que mi mujer me arrojaba.

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