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La novia Rechazada romance Capítulo 13

Paso toda la tarde viendo series en N*****x hasta que noto la hora en mi reloj, viendo que eran las 7 de la noche. Así que, perezosamente, me levanto de la cama y me dirijo directamente al baño. Me doy una ducha rápida y, al salir, voy directo hacia mi armario. La verdad es que no sabía qué usar para ir a un club nocturno, nunca había tenido la oportunidad de ir a uno.

Sin más, me decido por un vestido celeste con un estampado de flores en el centro y unas zapatillas blancas. Mi cabello rubio lo dejo suelto y me hago un sencillo maquillaje en el rostro. Unos 40 minutos después, ya estaba lista.

Tomo mi bolso y mi teléfono, y salgo de la mansión. Veo el auto de Verónica estacionado a un lado de la carretera. Camino rápidamente y entro al auto.

—¡Al fin sales, cariño! Ya iba a llamarte. Ahora quiero preguntarte algo —me dice Verónica con una expresión asombrada en su rostro.

—¿Qué sucede? —le pregunto intrigada.

—Amiga, ¿qué rayos es ese atuendo que llevas puesto? —me dice mientras me mira de arriba abajo.

—¡¿Qué?! ¿Acaso no te gusta la ropa que elegí? —le pregunto mientras fruncía el ceño.

—No es eso, Aslin. Es que esa ropa está un poco decente para el lugar al que vamos —me dice mientras pone en movimiento el auto.

—Yo pensé que estaba bien —le digo inocente.

—Y lo está, Aslin. Pero ese tipo de ropa no es para ir a Encanto Nocturno. Más bien parece que fueras a dar una conferencia de prensa o algo así. Quiero que, por hoy, te olvides de que eres la señora Líbano. Más bien piensa que eres solo Aslin Ventura —me dice, haciéndome sonreír, y yo de inmediato asiento en aprobación.

Veo cómo Verónica nos conduce a su departamento en el centro de la ciudad.

—Vero, ¿no que íbamos a Encanto Nocturno? —le digo extrañada.

—Sí, iremos cuando te cambies esa ropa, cariño —me dice, y sale del auto. Yo de inmediato hago lo mismo y la sigo dentro.

Al llegar a su departamento, vamos directamente a su habitación y la veo rebuscar algo en su armario. Unos segundos después, veo cómo saca un atuendo bastante revelador: era un vestido con tirantes, bastante corto.

—Vero, ¿esto no es demasiado revelador? —le digo intrigada.

—Claro, y te lo pondrás, Aslin. Ya verás qué linda te vas a ver. Ahora, quítate la ropa y ponte esto —me pide, y de inmediato hago lo que dice.

Me miro en el espejo ya con el vestido puesto. La verdad, Verónica tenía toda la razón: el vestido me quedaba precioso. Se moldeaba a mi cuerpo como una segunda piel, haciendo resaltar mis curvas, y mis pechos quedaban a la vista. Veo cómo Verónica saca un labial rojo y alborota mi cabello.

—¿Lo ves, amiga? Te ves preciosa, luces salvaje. Nadie podrá despegarte la mirada, todo el mundo te comerá con los ojos —me dice, y yo solo ruedo los ojos ante sus insinuaciones.

—Ahora vamos, y que la noche empiece, amiga —me dice pícara, y salimos del edificio.

Una hora después, ya estábamos en Encanto Nocturno, y como había dicho Verónica, todos me comían con la mirada, haciéndome sonrojar. La fuerte música de rock estallaba en mis oídos. Veo cómo Verónica me conduce hacia una sala VIP en la segunda planta de Encanto Nocturno.

Entramos en la sala y me sorprendo de inmediato al ver a Erick sentado mientras bebía una copa de vino.

—¡Cumpli, querido amigo, aquí te traje a tu palomita adorada! —escucho como le dice Verónica a Erick.

—Vero, ¿pero qué significa esto? —le digo, llamando su atención.

—Amiga, es que Erick tenía muchos deseos de verte. Anda, deja de preguntar tanto y saluda —me dice.

Pero en ese instante siento cómo Erick se levanta y viene hacia nosotras.

—Aslin, te ves hermosa. Por favor, discúlpame por esto. Es solo que deseaba verte. Renunciaste así, sin más, sin darme una explicación razonable. La verdad he estado preocupado por ti —me dice con un brillo en los ojos.

—Erick, no te preocupes. Estoy muy bien. De verdad, vuelvo y lo digo, lo siento mucho. Sé que estuvo mal renunciar así, pero se me presentó un problema personal —miento.

—Está bien, lo comprendo. Pero espero que en algún momento puedas volver al trabajo. Todos te extrañan —me dice, y de inmediato siento cómo se aprieta mi corazón.

—Yo también lo espero, realmente. Erick, es lo que más deseo —le digo amablemente.

Erick toma mi mano y nos dirigimos hacia los asientos. Nos sentamos mientras disfrutamos viendo el bullicioso ambiente alocado a través de las ventanas de cristal.

—Adelante, toma un poco, Aslin —me dice Erick mientras me pasa una copa de ron.

—No, Erick, muchas gracias. Yo no tomo —le digo avergonzada.

—Pero él no escucha y vuelve a acercarse a mí, dándome un fuerte abrazo.

—No te vayas, Aslin, quédate conmigo —me dice, pero antes de que pudiera responderle, escucho la voz de Verónica.

—¡Wao, estoy interrumpiendo algo, chicos! —dice Verónica, estallando en risas. Yo aprovecho la distracción y me separo de Erick, tomo la mano de Verónica y la obligo a salir rápidamente de la sala VIP.

—Amiga, con calma, te vas a caer —me dice mientras salimos del Encanto Nocturno y nos adentramos en el estacionamiento.

—Verónica, ya quiero irme a casa. Ocurrió algo terrible con Erick, nos besamos. ¿Entiendes lo malo que es eso? Yo soy una mujer casada —le digo preocupada.

—¿Y eso qué? ¿Acaso piensas guardarle luto a ese desgraciado infiel? No te sientas culpable, recuerda que él te traicionó primero —me dice Verónica, frunciendo el ceño, y las lágrimas se acumulan en mis ojos, pues mientras besaba a Erick, deseaba con todo mi corazón que fuera Alexander el que estuviera en su lugar.

Verónica, al verme llorar, de inmediato me abraza.

—Calma, amiga. Sé que duele, pero ya el dolor pasará. Mejor ven, vamos a mi departamento. Pasarás la noche ahí —me dice, y rápidamente entramos al auto.

Una hora después llegamos a su departamento. Yo salgo del auto y Verónica me ayuda a entrar al edificio. Al llegar, me voy directamente a su habitación y me acuesto en su cama, cayendo de inmediato en un sueño profundo.

A la mañana siguiente, despierto por los intensos rayos de sol que me daban directamente en la cara. Me incorporo en la cama, viendo a Verónica dormir plácidamente a mi lado. Me incorporo con cuidado de la cama, sin hacer ruido, pues no quería despertarla. Me pongo mis tacones y salgo de su apartamento.

Detengo un taxi en la carretera, subo y le doy la dirección de la mansión al conductor. Una hora después llego a mi destino, salgo del taxi y me encamino dentro de la mansión.

Al entrar, de inmediato pego un grito al ver a mi padre frente a mí, mirándome aterradoramente. No me da tiempo de procesar palabras cuando se acerca a mí y me da un fuerte puñetazo en la cara, lo que me hace caer al piso. Inmediatamente siento la sangre fluir por mi nariz.

—Eres una maldita golfa. ¿En qué nos has metido, desgraciada? —me dice mientras me da una fuerte patada en el estómago.

—¡Papá, ya no me golpees, no he hecho nada, te lo juro! —le digo con lágrimas en los ojos.

—¿Qué no has hecho nada? Mira, entonces, ¿qué es esto? —me dice mientras me lanza un periódico a la cara. Con mis manos temblorosas lo sostengo y mis ojos se abren al leer el título en el periódico.

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