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La novia Rechazada romance Capítulo 19

Tres meses después...

Mi cuerpo yacía recostado en una cama vieja dentro de una sucia celda. Mis lágrimas, desde hace mucho, se habían secado. Mi dolor y tormento se habían convertido en un grito silencioso.

En mi mirada, el brillo se extinguió hace tiempo; solo era un muerto viviente. Vivía el día a día entre los barrotes de esta prisión como un alma vacía, sin sentimientos, sin emociones, sin felicidad. Me había perdido por completo entre las frías paredes de esta cárcel.

El frío me calaba los huesos, pero lo que más dolía era la traición. Me abrazaba las rodillas, buscando consuelo en la soledad. Alexander, el hombre al que amé con toda mi alma, me había señalado como la asesina de la señora Zara.

Recordaba el momento en que los policías me arrestaron, las esposas apretando mis muñecas mientras él, con ojos llenos de fingido dolor, afirmaba que me había visto hacerlo. Pero yo era inocente. Amaba a la anciana como a una madre. ¿Cómo podía haberle arrebatado la vida?

Los días pasaban lentos, llenos de hambre, lágrimas y miedo. Las demás reclusas me miraban con desprecio, como si de verdad fuera una asesina. Cada noche repasaba los recuerdos, buscando una explicación. ¿Por qué Alexander me traicionó? ¿Qué ganaba con destruirme?

Un grito desgarrador escapó de mi garganta, y de inmediato sentí cómo me levantaban de la cama y me estrellaban contra el piso de la celda.

—Esta maldita perra nunca escucha cuando la llaman —oí decir a Lana mientras ella y su grupo estallaban en carcajadas.

Desde que llegué a este horrible lugar, se había encargado de hacer mis días un infierno. Ahora comprendía mucho mejor las palabras de mi querida hermanita. Estaba segura de que le pagaban un buen dinero por hacerme sufrir.

Lana se abalanzó sobre mí y me dio una fuerte bofetada antes de tomarme del cabello con violencia.

—¿Puta, piensas quedarte callada? ¿No piensas defenderte ni decir nada? —me increpó con una mirada de enojo—. Desde hace días estás así, como una muñeca de trapo sin vida. Cuando llegaste aquí la primera vez, solías comportarte de forma altanera. Ahora ya ni siquiera es divertido hundir tu hermoso rostro en el retrete del baño.

Recordaba bien ese día. Lana y su grupo me obligaron a limpiar el baño y, según ellas, lo hice mal. Como castigo, metieron mi cabeza en el retrete. Y eso solo fue una cuarta parte de todo lo que he tenido que sufrir en estos tres meses.

El sonido de los barrotes interrumpió la tortura, y Lana de inmediato me soltó. Al levantar la mirada, vi a una de las guardias.

—¿Qué haces aquí, Lana? ¿Buscas problemas? —preguntó la guardia con voz severa.

Lana no respondió. Solo me lanzó una mirada de muerte antes de salir de la celda.

—Aslin Líbano, tienes visitas —anunció la guardia.

Me sorprendí.

—¿Visitas? —pregunté incrédula.

La guardia asintió. Nadie me visitaba desde hacía mucho. Verónica y Erick solían hacerlo, pero Alexander se encargó de que nadie pudiera verme sin su consentimiento.

Por eso, escuchar esas palabras me dejó desconcertada.

—Bueno, vamos. Levántate, que no tengo todo el día —ordenó la guardia con el ceño fruncido.

Asentí y me puse de pie con dificultad. Caminé tras ella a paso lento, cruzando cinco pasillos protegidos con grandes barrotes hasta llegar a una pequeña sala.

Y entonces, mi corazón se detuvo.

Allí estaba él. El hombre cruel que, a pesar de mis súplicas y mi llanto, decidió no creer en mí. El hombre que me destruyó por completo. Sentí cómo la rabia se desbordaba dentro de mí, y mi cuerpo comenzó a temblar violentamente. Deseaba matarlo con mis propias manos.

Aún recordaba el día en que me encontré con Arlette en la habitación de la señora Zara...

Flashback

El pasillo del hospital olía a desinfectante y desesperanza. Caminaba con pasos lentos, preparando mi corazón para lo inevitable. Mi suegra, la señora Zara, llevaba días agonizando, y yo solo quería estar allí en sus últimas horas.

Doblé en la esquina y me detuve en seco. Mi aliento quedó atrapado en mi garganta.

Frente a la puerta de la habitación, casi oculta en la penumbra, estaba Arlette. Mi hermana menor. La oveja negra de la familia.

No debía estar allí. No después de todo el daño que había causado. No después de lo que había descubierto en los últimos meses.

Capituló 19- Grito silencioso 1

Capituló 19- Grito silencioso 2

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