Roxana, al ver que se trataba de Erick, palideció de inmediato y adoptó una actitud de sumisión.
—Señor Erick… —dijo, temblando como una hoja.
—Dime, ¿cómo te atreves a causar este tipo de escándalo en mi empresa? Y no solo eso, sino también a esparcir falsos rumores sobre la señorita Ventura y sobre mí —le gritó Erick, visiblemente enojado.
—Señor Erick, perdóneme, por favor… Le pido disculpas. Es solo que me molestó que no me avisara antes de que me iba a destituir de mi puesto —dijo tímidamente.
—¿Disculpa? ¿Acaso debía pedirte permiso? Quiero que te quede claro que esta es mi empresa y yo hago lo que se me venga en gana. Si decidí despedirte es porque tus diseños son una porquería. Mientras has estado al frente del departamento de diseño, hemos perdido muchos contratos —le gritó Erick, y ella de inmediato empezó a derramar lágrimas.
—Ahora, Roxana, quiero que recojas tus cosas y te vayas de mi empresa. Estás despedida —sentenció Erick.
Roxana, desesperada, se arrodilló a sus pies.
—Señor, por favor, no me despida. Necesito mucho este trabajo —le suplicó, y hasta sentí pena por ella.
—Lo siento, no voy a retractarme por más que me ruegues. Debiste pensar antes de cometer semejante error —respondió Erick con frialdad.
Roxana se puso de pie de inmediato y secó sus lágrimas con rabia.
—Me las vas a pagar, perra —me dijo, dedicándome una mirada de odio antes de desaparecer por la puerta.
—Señorita Aslin, no preste atención a sus palabras. Siento mucho esta falta de respeto por parte de uno de mis subordinados. De verdad deseo que aún quiera trabajar con nosotros —me dijo Erick, rascándose la cabeza con expresión apenada.
—No, Erick, para nada. No dejaré el trabajo, no te preocupes. Ese incidente no ha sido tu culpa —le respondí, y vi cómo respiraba aliviado.
—De ser así, Aslin, me quedo más tranquilo. Bueno, ahora me retiro y te dejo trabajar en paz —me dijo, dedicándome una suave sonrisa. Noté un leve sonrojo en su rostro antes de verlo marcharse por la puerta.
Suspiré y pasé mis manos por el rostro con frustración. Luego de tranquilizarme, volví a sumergirme en el trabajo hasta que dieron las siete de la noche y decidí marcharme.
Tomé mi bolso y me dirigí a la salida. Detuve un taxi y le di la dirección de la mansión. Unos cuarenta minutos después llegué. Entré por la puerta y me dirigí al comedor. Estaba hambrienta, pues no había ingerido alimento en todo el día. No veía a Alexander por ningún lado, lo cual agradecí bastante.
Al terminar de cenar, subí rápidamente a mi habitación, me di una ducha rápida y caí rendida en un sueño profundo.
Ya habían pasado dos meses. Dos meses en los que no había vuelto a ver a Alexander. Era como si se hubiera desvanecido en el aire. No había vuelto a aparecer desde aquella noche, y era mejor así. Si no volvía nunca, sería más fácil para mí sobrellevar este falso matrimonio.
Eran las siete de la mañana y, como siempre, debía ir a trabajar. En el trabajo me iba más que bien. Mis compañeros, poco a poco, empezaron a tratarme mejor después de que Erick pusiera en su lugar a Roxana. Habíamos conseguido unos ocho contratos, y todo gracias a mis diseños. Estaba feliz porque, al fin, me sentía valorada.
Tomé mi bolso y bajé de inmediato a desayunar. Unos cinco minutos después, salí de la mansión y tomé un taxi que me llevó directo al trabajo.
Al llegar, todos me saludaron y correspondí con un asentimiento de cabeza. Crucé por el escritorio de Filiz, quien de inmediato me siguió hasta mi oficina.
—Señora, qué bueno que llegó. El señor Erick la acaba de llamar. La espera en su oficina —me dijo Filiz.
Me sentí extrañada, pues él nunca me llamaba, así que supuse que se trataba de un asunto importante.
Dejé mi bolso en el escritorio y salí directo al último piso, donde se encontraba la oficina de Erick.


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