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La obsesiva persecución de mi frío marido romance Capítulo 521

Sebastián le lanzó una mirada indiferente, tan fría que Ricardo pareció escuchar un claro: "Cierra la boca".

Chasqueó la lengua de nuevo y corrigió:

—Amo de casa guapo. ¿El príncipe de la cocina te parece bien?

—Lárgate —soltó Sebastián antes de tomar las bolsas y dirigirse a la cocina, dejando sobre la mesa la pila de documentos que aún no había terminado de revisar.

—Degenerado.

Ricardo soltó su crítica mientras miraba la mesa.

—Tirano.

Al perder de vista la espalda de Sebastián, añadió:

—Loco de amor.

Sin embargo, al ver a Sebastián preparándole el almuerzo a Valentina, recordó algo. Sacó el teléfono del bolsillo y marcó un número.

En cuanto contestaron, ordenó:

—Al mediodía envíen comida del Restaurante La Armonía al laboratorio, para evitar que siga comiendo almuerzos empaquetados.

—Sí, señor Mendoza.

Tras colgar, abrió el chat que tenía fijado en sus mensajes. El último texto que intercambió con Leticia Mendoza había sido hace medio mes, cuando le envió una foto de su exnovio borracho, apoyándose en una mujer para entrar a un hotel.

Leticia no le había respondido; simplemente lo había bloqueado. Las últimas veces que habían estado juntos, él había sido demasiado rudo y se olvidó de tomar su teléfono para desbloquearse a sí mismo.

No importaba. Esperaría a que la situación de Cachito mejorara.

En el futuro, él también tendría un hijo con Leticia.

Se negaba a creer que, teniendo un hijo juntos, ella no se quedaría obedientemente a su lado.

Durante los tres días de espera de la quimioterapia de Cachito, cada segundo parecía eterno.

Mateo Solís había cancelado todos sus compromisos comerciales para dedicarse exclusivamente a acompañar a Valentina en el hospital a la espera de noticias sobre el niño.

Todas las comidas de Valentina eran preparadas meticulosamente bajo sus órdenes. Aunque ella solo comiera un poco en cada intento, él no escatimaba esfuerzos; cualquier pequeña porción de nutrientes que pudiera ingerir era una victoria.

—¿Por qué trajeron el almuerzo tan temprano hoy? —le preguntó a Arturo Ramos.

Además, era extraño que Arturo y los demás guardaespaldas entraran a la habitación sosteniendo platos directamente en lugar de los habituales recipientes térmicos.

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