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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 1096

Isabella intentó explicarlo de la manera más seria posible, pero al final casi suelta una carcajada.

Esta "princesa de la mafia" tenía una idea muy distorsionada del nivel actual de la tecnología. Claro, los robots podrían llegar a hacer eso algún día, pero el objetivo de su empresa jamás sería crear máquinas para pelear.

—¿De verdad? ¿No se puede?

—¡Completamente imposible!

Tatiana suspiró, desilusionada.

—Qué lástima, la verdad sí me emociona la idea.

—Siento mucho decepcionarla.

—Bueno, al menos instálenle un sistema de seguridad a la Hermandad Gutiérrez. Escuché a Jairo mencionarlo de pasada, creo que eso servirá para proteger nuestro centro de operaciones.

—Por supuesto. Haré que nuestros expertos en seguridad se pongan en contacto con usted.

—De acuerdo —asintió Tatiana.

—Entonces, señorita Gutiérrez, nos veremos en otra ocasión.

—¿Estás muy ocupada? —preguntó Tatiana.

Isabella miró la hora en su reloj.

—Tengo que ir por los niños a la escuela.

—Te acompaño.

—...

Isabella vio que Tatiana ya se había levantado, decidida a ir con ella a recoger a los niños.

—Eh, señorita Gutiérrez, ¿no tiene asuntos que atender?

Tatiana sonrió ampliamente.

—¿Te molesta si voy a visitarte a tu casa?

Isabella estaba a punto de decirle que no era un buen momento, pero Tatiana se le adelantó:

—Soy muy buena cocinera. Esta noche les prepararé mis mejores platillos, para que tú y Jairo prueben mi sazón.

Vaya que era insistente.

Isabella pensó rápidamente y respondió con una sonrisa:

—Claro, entonces hoy cenaremos muy bien.

Durante el camino, Tatiana le contó cómo la Alianza Lunar la había encerrado en un sótano y casi muere ahogada, hasta que Jairo apareció justo a tiempo para salvarla.

—Si ustedes están divorciados, significa que su relación ya se rompió una vez. Y una vez que algo se rompe, no se puede arreglar como si nada. ¿Entiendes a lo que voy, Isabella?

—Entiendo. Usted quiere meterse entre nosotros.

Tatiana carraspeó.

—Yo no me voy a 'meter', solo voy a convencerlos de que terminen. Una vez que se separen, entonces sí, iré tras Jairo.

—Vaya, qué mujer tan llena de principios.

El tono sarcástico fue más que evidente, y Tatiana no pudo evitar lanzarle una mirada de disgusto.

Cuando llegaron a la escuela, recogieron a los dos niños.

Samuel notó de inmediato a la mujer en el asiento del copiloto, se asomó para observarla de cerca y preguntó:

—Hola, nunca la había visto. ¿Es amiga de mi mami?

Tatiana, quien no sabía cómo tratar a los niños, evitó mirarlos al principio, hasta que Samuel le habló.

Forzó una sonrisa y se volvió hacia él.

—Hola, pequeño. Qué guapo eres.

—Gracias, pero no me gusta que me digan que soy lindo o tierno.

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