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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 116

—¿Está diciendo que no soy considerada?

—¡Estoy diciendo «algunas personas»!

—Ah, bueno, pues entremos —dijo Isabella, a punto de abrir la puerta.

—Bella, en realidad la señora tiene razón, no hay por qué derrochar —intervino Otilia, tratando de mediar.

—¿Así que cuando tú te cases te comprarás un vestido por internet? ¿De unos cuantos pesos?

—Yo…

—Oti sí que es considerada —Isabella miró a Diana—. ¿Por qué no le dice a Gabriel que se case con ella?

El rostro de Diana se tensó.

—¡Yo no he dicho eso!

En ese momento, Gabriel, que había terminado de estacionar el carro, se acercó y les preguntó por qué no habían entrado.

—Tu mamá quiere que te cases con una mujer considerada, como Oti —dijo Isabella, fingiendo estar ofendida.

—¡Mamá! —le espetó Gabriel.

Diana puso cara de pocos amigos.

—Está inventando cosas.

—Bueno, ya, entremos —dijo Gabriel, abriendo la puerta para que Isabella pasara primero.

Diana y Otilia entraron detrás. Una vez dentro, Diana fulminó a su hijo con la mirada.

—Gabriel, yo no quise decir eso, Bella lo malinterpretó.

Gabriel miró a Otilia y, al recordar todo lo que había pasado entre ellos, se sintió fastidiado.

—¿Y tú a qué vienes? Esto no tiene nada que ver contigo.

Esa frase fue la gota que colmó el vaso para Otilia.

—¿Cómo que no tiene nada que ver conmigo? ¡La que aparece como tu esposa en el acta de matrimonio soy yo! ¡Estoy esperando un hijo tuyo y tengo que ver cómo te casas con otra mujer! ¡Yo…!

—¡Cállate! —Gabriel miró nervioso a Isabella, pero al ver que ella ya se había adentrado en la tienda, respiró aliviado. Señaló a Otilia con el dedo y le advirtió con dureza—: ¡Te lo advierto, si se te ocurre decirle algo a Bella, te las verás conmigo!

—¡No seas idiota! —Diana le dio un manotazo a Gabriel—. ¡Si no reconoces a Oti como tu esposa, nosotros no te reconoceremos como nuestro hijo!

—¡Mamá!

—Solo te pregunto una cosa, ¿quieres a Isabella o a tu hijo?

Isabella apenas echó un vistazo a los demás vestidos. El que tenía enfrente seguía siendo su favorito.

La asesora lo descolgó y la acompañó al probador.

Cuando salió con el vestido puesto, Gabriel y los demás ya la habían encontrado. Al verla, se quedaron boquiabiertos.

—Bella, estás preciosa —dijo Gabriel con sinceridad.

Incluso Otilia no pudo evitar exclamar:

—Pareces una princesa de cuento de hadas.

Pero en cuanto lo dijo, reaccionó y la admiración se convirtió en envidia.

Ella era la esposa de Gabriel, pero no tenía derecho a una boda. E incluso si se la dieran, ni el vestido ni el lugar de la celebración serían su decisión.

Pero Isabella sí podía elegir. ¿Por qué?

Diana, con el ceño fruncido, llamó a la asesora y le preguntó el precio del vestido. Cuando escuchó la cifra, casi le da un infarto.

—¡No, ese no! ¡Quítatelo ahora mismo!

***

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