El resultado de ese encuentro fue sorprendente, pero a la vez, no tanto.
—Tatiana, ¿de qué estás trabajando ahora? —le preguntó otro de los excompañeros.
Ella ya no tenía ni la más mínima paciencia para aguantarlos, así que respondió con indiferencia:
—No trabajo.
Esa respuesta le dio la oportunidad perfecta a una de las chicas para lanzar su veneno. Se apresuró a decir:
—¿Ya pasó tanto tiempo desde que nos graduamos y ni siquiera tienes un empleo de verdad? Las mujeres no podemos depender de que un hombre nos mantenga toda la vida, tenemos que tener nuestras propias metas. Por cierto, acabo de asumir un puesto directivo en la empresa de mi papá, ¿quieres que te consiga un lugarcito?
Tatiana levantó una ceja.
—Mis expectativas son bastante altas. Dudo que tu empresita pueda pagarme.
—¿Tú? ¿Qué tantas expectativas puedes tener?
—Un millón al mes.
—¿Estás loca?
—Con auto y casa pagados. El auto no puede costar menos de un millón, y la casa tiene que valer decenas de millones.
—¡Debes estar muerta de hambre para atreverte a pedir semejante barbaridad!
—¿A esto le llamas barbaridad? Se nota que te falta mucho mundo por conocer.
—¡Tú...!
—Tatiana, Rosana te lo dice de buena fe. Te está ofreciendo trabajo por los viejos tiempos, no seas malagradecida —intervino otro de los hombres para defender a la chica.
—Con esa cara de idiota que tienes, ¿de verdad hay alguna mujer que se fije en ti?
—¡Tú! —El hombre apretó los dientes, furioso—. Yo ya estoy casado y tengo dos hijos. La pregunta es para ti: ¿hay algún hombre que se fije en ti con esa actitud?
—¡Sí, yo! —levantó la mano Ignacio de inmediato—. Me fijo muchísimo en ella, de hecho, me muero por casarme con ella ahora mismo, pero no quiere. Dice que todavía tiene que ponerme a prueba un poco más.
El hombre se quedó sin palabras ante la respuesta de la pareja y no le quedó más remedio que agachar la cabeza y beber en silencio.
Tatiana e Ignacio intercambiaron una mirada de complicidad, bastante satisfechos con su pequeña actuación.
En ese preciso momento, varios hombres corpulentos y con cara de pocos amigos irrumpieron en el salón privado. Uno de ellos clavó la mirada en Lorenzo Benítez y gritó:


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...