La expresión en el rostro de Floriana asustó tanto a Isabella que, instintivamente, se volvió a agachar.
Pero... ¿Qué demonios estaban haciendo esos dos?
—¿Tienes idea de cuánto te amo?
Floriana había empezado a hablar.
Al escucharla, Isabella quiso llevarse a los niños. Al fin y al cabo, estaban espiando una conversación privada de pareja, lo cual no era nada correcto. Pero no podía arrastrar a los tres a la vez.
—¡Y aun así me traicionaste!
Un momento... ¿Traición?
La mente de Isabella empezó a trabajar rápido. ¿Víctor le había sido infiel?
Conociendo cómo era, la verdad es que era bastante posible.
—¿Qué tiene ella que yo no tenga?
—¡Mírame! ¡Mírame!
—¡Por qué me hiciste esto!
Los gritos histéricos de Floriana resonaron desde el interior de la habitación. Isabella sintió un escalofrío en la espalda, y los niños también parecían asustados.
—La mataste, ¿verdad?
Esa era la voz de Víctor...
¿Quién... quién mató a quién?
A Isabella se le erizó la piel cuando escuchó a Víctor continuar:
—Ella es inocente, entre nosotros nunca pasó nada.
—¿Y crees que todavía te voy a creer?
—¡Floriana, por favor, reacciona! No me he enamorado de nadie más, no te he traicionado, ¡todo esto está en tu cabeza! Estás mal, necesitas ayuda. ¡Suéltame para que te lleve al doctor!
—Ja, ¿ahora resulta que estoy loca? ¡Los vi con mis propios ojos, estaban abrazados besándose!
—¡No, eso jamás pasó!
—¡Víctor, todavía me sigues mintiendo!
—Entonces dime, ¿en dónde fue que nos viste besándonos?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...