Al escuchar que era un juego, a Samuel se le quitó el miedo de inmediato.
—¡Yo también quiero jugar a eso!
Isabella le dio otro golpecito en la frente.
—Ya te dije que solo es para adultos. Los niños no lo pueden jugar.
Samuel hizo un puchero.
—¡Mamá es una mentirosa! ¡Le iré a preguntar a mi tío!
Al ver que su ingenuo hijo iba de verdad a buscar a Víctor, Isabella lo agarró rápidamente.
—¿Qué tal si mamá juega con ustedes a las escondidas?
Los ojos de Samuel brillaron con interés.
—Bueno, me parece bien.
Isabella observó a Carlota; la niña seguía intranquila, sin creerse del todo que sus padres solo estuvieran jugando. Lucas, por su parte, tenía cara de no importarle nada.
—Ustedes dos también tienen que participar.
Isabella empezó a contar, y los tres niños se fueron a esconder.
Al llegar a cien, Isabella fue directamente hacia donde sabía que estaba Lucas. El niño ni siquiera se había esforzado; simplemente estaba sentado detrás del gran árbol del patio.
—¡Lucas, te atrapé! —dijo Isabella con una expresión muy exagerada.
Lucas se encogió de hombros.
—Perdí. Entonces me voy adentro a leer un libro.
Isabella suspiró y lo detuvo por el brazo.
—Mamá te hará una pregunta muy en serio: ¿ya no quieres a tu hermanito?
Lucas la miró confundido.
—¿Y yo cuándo dije eso?
—Pero no has jugado con él estos últimos días.
—¿En serio?
—Sí, y tu hermano está muy triste por eso.
Lucas frunció los labios.
—Es que esos juegos que inventan son muy infantiles, no me gustan.
—Él no necesita que juegues exactamente a lo que él quiere. Es solo que si juegas con los demás y con él no, se siente rechazado.
Lucas se volvió a sentar, reflexionando sobre lo ocurrido en los últimos días.
—Está bien, puede que a veces lo haya ignorado, pero no lo hice a propósito y mucho menos porque no lo quiera.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...