Isabella la apartó rápidamente. —Este es un pay de fresa por el que hice dos horas de fila.
—¿Y?
—Por lo tanto, hay que maximizar su valor.
Isabella llevó a Luna a un pequeño patio escondido en un callejón. Llamó a la puerta y, al poco rato, una mujer con delantal salió a abrir.
Al ver a Isabella, se quedó pensando un momento antes de reconocerla.
—¡Ah, señorita Quintero, qué bueno que vino! La señora no deja de preguntar por usted.
Isabella la saludó y le preguntó por la salud de la anciana.
—No muy bien, lleva dos o tres días sin comer como es debido.
Justo cuando Isabella se disponía a entrar, una anciana de pelo cano, apoyada en un bastón, salió tambaleándose. Al verla, le hizo señas con entusiasmo.
—¡Mireya, Mireya, por qué tardaste tanto en venir a ver a mamá!
Luna se sobresaltó. —¿Quién es ella?
Isabella le susurró: —Es la madre de Mauricio, de Empresa Futuro. Ya está mayor, tiene la mente un poco confundida y me confunde con su hija menor, que ya falleció.
Tras la breve explicación, Isabella corrió hacia la anciana, la abrazó y la ayudó a sostenerse.
—Le traje su pay de fresa favorito.
—Mireya, mi tesoro, ¿por qué estás tan delgada?
—Yo no he adelgazado, pero usted sí, y mucho. ¿No ha estado comiendo bien?
—Te extraño tanto que no me entra la comida.
—Pero ya estoy aquí. Yo le daré de comer.
***
No fue hasta que cayó la noche que Isabella y Luna salieron del patio.
—Cuando recién entré al Grupo Triunfo, mi primer proyecto fue el hotel de Empresa Futuro. Para cerrar el trato, bebí alcohol, sonreí hasta más no poder, pero siempre me faltaba algo. No fue hasta que me metí en la familia de Mauricio, casi convirtiéndome en la hija adoptiva de su madre, que por fin lo conseguí.
—Por favor, no. Si se emborracha, tendré que buscar a alguien que lo lleve a casa, y es mucha molestia.
Raúl rio forzadamente. —He oído que el nuevo hotel de Empresa Futuro está casi terminado y que están buscando una empresa de diseño. Ya colaboramos una vez y fue una experiencia muy agradable, así que espero que podamos volver a trabajar juntos esta vez.
—¿Empresa Futuro colaboró con su Grupo Triunfo?
—El hotel del distrito este, ¿no se acuerda?
—Yo recuerdo haber colaborado con la señorita Quintero.
El rostro de Raúl se ensombreció. —Ella era solo una empleada del Grupo Triunfo.
—El caso es que siempre me comuniqué con ella. El proceso fue fluido y agradable, y el resultado final dejó muy satisfecha a nuestra empresa, así que planeo seguir colaborando con ella.
—Ella ya no trabaja en el Grupo Triunfo.
—Pues a la empresa que se haya ido, con esa colaboraremos —dijo Mauricio, mirando hacia la entrada. Al ver a Isabella, se levantó—. Mire usted, ahí viene la señorita Quintero.
***

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...