—¿Acaso este proyecto es de ustedes? ¿Ya llegaron a un acuerdo? ¿O ya firmaron el contrato?
—¡Esto es competencia desleal!
—Mauricio, si ustedes ya estaban en negociaciones, entonces LI se retira —dijo Isabella, mirando a Mauricio.
Mauricio, entre desconcertado y divertido, respondió: —Empresa Futuro y el Grupo Triunfo no han tenido ninguna reunión formal sobre este proyecto hotelero, ni siquiera lo hemos discutido por teléfono. De hecho, cuando el señor Ibáñez me propuso la colaboración hace un momento, ya lo rechacé.
—Entonces —Isabella se volvió hacia Raúl—, ¿de dónde saca que estoy saboteando su colaboración o robándole proyectos al Grupo Triunfo?
Raúl sintió que la cara le ardía de vergüenza. ¡Después de todo, él era el presidente del Grupo Triunfo!
Con el rostro ensombrecido, soltó un bufido y se puso de pie.
—El proyecto de este hotel de Empresa Futuro es insignificante. El Grupo Triunfo ni siquiera lo consideraba, pero por respeto a nuestra colaboración anterior, quise mantener esa relación y vine a hablar contigo, Mauricio. Pero como no aprecias el gesto, ¡que Empresa Futuro se olvide de volver a colaborar con el Grupo Triunfo! —declaró Raúl con frialdad.
Mauricio no se inmutó y respondió con una sonrisa: —Nuestro proyecto hotelero es pequeño, ciertamente, no está a la altura del Grupo Triunfo. Pero tengo curiosidad, ¿cuáles son esos grandes proyectos de los que habla el Grupo Triunfo?
—Tenemos muchos proyectos grandes, ¡no necesito detallártelos uno por uno, Mauricio!
Isabella arqueó una ceja. —¿Se refiere al proyecto del Grupo Crespo?
—¡Ja! Te aconsejo que no te metas en los negocios de tu marido, ¡no vaya a ser que tu familia política te tome antipatía! —espetó Raúl.
—No me estoy metiendo, solo quería recordarle, señor Ibáñez, que el proyecto por el que competía el Grupo Triunfo ya se lo ha dado el Grupo Crespo a otra empresa. Así que no sigan perdiendo el tiempo. Y no lo malinterprete, señor Ibáñez, de verdad se lo digo de buena fe.
Raúl apretó los puños con fuerza. Aunque desde el momento en que vio a Isabella casarse con Jairo supo que era muy poco probable que el Grupo Triunfo consiguiera el proyecto, la confirmación fue… un golpe demasiado duro.
El Grupo Triunfo ya no tenía casi proyectos, y su situación financiera era crítica. El proyecto del Grupo Crespo era su única oportunidad de recuperarse, y ahora también la habían perdido.
Perdido…
Raúl miró hacia la puerta y vio a un hombre joven y corpulento. Lo había visto antes en su vecindario, lo que confirmaba lo que Isabella había dicho: su esposa mantenía a su amante cerca.
La vista de Raúl se nublaba por momentos. Su hijo en la cárcel, el banco exigiéndole el pago de los préstamos al Grupo Triunfo, su esposa y su amante peleándose… Raúl, que había disfrutado del éxito durante la mayor parte de su vida, no podía creer que acabaría tan derrotado.
¡Pero no se resignaba, no podía resignarse!
En ese momento, una joven con un abrigo blanco entró con un ramo de flores. Esquivó a las dos que se peleaban y se acercó a la cama.
Raúl la encontró familiar, pero no conseguía recordarla.
—¿Usted es?
La joven sonrió profundamente. —Me llamo Adriana Méndez.
***

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...