—¿El Grupo Méndez va a invertir en el Grupo Triunfo?
Isabella se sorprendió al escuchar la noticia en su teléfono.
—La información está confirmada. Y no solo eso, el Grupo Méndez también le ha conseguido un gran proyecto al Grupo Triunfo.
—¿Un gran proyecto?
—Se dice que es un proyecto de un complejo turístico, pero los detalles aún no se conocen.
Isabella entrecerró los ojos. Si otra empresa invirtiera en el Grupo Triunfo, no le daría mayor importancia, pero siendo el Grupo Méndez… ¿sería algo en su contra?
No parecía posible. Al fin y al cabo, el que estaba al mando del Grupo Méndez era Julen Méndez, no Adriana. Ese viejo no sería tan infantil.
—No es asunto nuestro.
—Lo sé, pero de todas formas te lo digo para que andes con cuidado. No te fíes.
Tras colgar, Isabella salió de la oficina. En lugar de ir a casa, se dirigió a Thunder X, un famoso estudio de estilismo.
Esa noche tenía que asistir a una fiesta privada. Antes no le gustaban ese tipo de eventos, pero ahora, como futura líder del Grupo Domínguez, necesitaba ampliar su círculo social rápidamente.
La fiesta solo era para mujeres líderes en el mundo de los negocios, así que para ella era una buena transición; ni muy grande, ni muy pequeña.
Pero no se esperaba encontrar a Adriana en el estudio.
—¿Tengo que hacer una cita para venir a su estudio?
Estaba increpando a la estilista que tenía enfrente, la directora artística del estudio, muy reconocida en el sector. Era la misma con la que Isabella había concertado una cita.
La estilista, con cara de disculpa, respondió: —Señorita Méndez, usted es una clienta muy importante para nosotros, pero hoy ha sido mala suerte. La clienta reservó esta hora hace tres días, ¿qué le parece si…?
—Pues cancélele la cita.
—Pero…
—¿Qué pasa, le supone un problema? ¿O es que no debería haber venido a su estudio?
—No, no, señorita Méndez, por favor, no diga eso, me está poniendo nerviosa.
—Si trepé a una rama más alta, fue por mis propios méritos. No como otras que nacen en la cima y todavía tienen el descaro de burlarse de la gente capaz —contraatacó Isabella.
—Apoyándote en un hombre, ese es todo tu mérito.
—Tienes razón, al menos yo tengo un hombre en el que apoyarme.
Isabella se giró hacia la estilista, que seguía angustiada. —¿Sabe quién es mi marido?
—¿Eh? —La estilista se quedó perpleja.
—Veo que no —Isabella sonrió de lado, adoptando una actitud deliberadamente arrogante—. Mi marido es Jairo, el presidente del Grupo Crespo. ¿Prefiere ofender a la familia Méndez o a la familia Crespo?
El sudor comenzó a caer a gotas por la frente de la estilista.
—Yo… en realidad, puedo atender a las dos al mismo tiempo —dijo la estilista, tratando de complacer a ambas.
***

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...