Isabella soltó un bufido y le propinó otra patada.
El hombre se retorcía de dolor.
—Tú… ¿sabes quién soy? Te atreves a golpearme, tú…
—¡Me importa un bledo quién seas!
—¡Soy Matías! ¡Ve y pregunta! ¡En todo Nublario, nadie se atreve a faltarme al respeto!
Isabella le pisó el estómago.
—¿Acaso eres más poderoso que el Grupo Méndez?
—¡El Grupo Méndez me importa una mierda!
—¡Mi jefa es Otilia!
—¡Esa zorra de Otilia! ¡Cómo se atreve a enviarme a una…! ¡Ay! ¡Me las va a pagar!
—¿Y tú quién te crees? ¡Ni el Grupo Méndez ni mi jefa te tienen miedo!
Otilia, atraída por el alboroto, salió y se encontró con la escena: su cliente más importante, golpeado y con la cara hinchada, cortesía de Isabella, quien además no dejaba de repetir que seguía sus órdenes.
Sintió como si el mundo se le viniera encima y corrió hacia ellos.
—Isabella, ¿¡qué demonios has hecho!?
Isabella se sacudió las manos y retrocedió un par de pasos, fingiendo sorpresa.
—Jefa, ¿no me pediste que acompañara a Matías a beber? Como temía que no se divirtiera lo suficiente, le hice tomar dos botellas de un solo trago.
—¡Tú!
Otilia, superada la conmoción inicial, se apresuró a ayudar a Matías a levantarse.
Pero al verla, la furia de Matías se desató y le soltó una bofetada.
—¡Zorra! ¡Espérate, que no te la vas a acabar!
El golpe, cargado con toda la ira del hombre, derribó a Otilia. Todo se volvió negro y el mundo le dio vueltas. Cuando recuperó la compostura, Matías ya estaba de pie, apoyado en la pared del pasillo, respirando con dificultad.
—¡Ninguna de ustedes, par de zorras, se va de aquí esta noche! ¡Vayan, tráiganme a mi gente!
—Vaya, ¿así que tienes refuerzos? —Isabella rodó los ojos—. En ese caso, yo me retiro. ¡Nos vemos!
Dicho esto, Isabella echó a correr hacia la salida.

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...