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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 494

Isabella soltó un bufido y le propinó otra patada.

El hombre se retorcía de dolor.

—Tú… ¿sabes quién soy? Te atreves a golpearme, tú…

—¡Me importa un bledo quién seas!

—¡Soy Matías! ¡Ve y pregunta! ¡En todo Nublario, nadie se atreve a faltarme al respeto!

Isabella le pisó el estómago.

—¿Acaso eres más poderoso que el Grupo Méndez?

—¡El Grupo Méndez me importa una mierda!

—¡Mi jefa es Otilia!

—¡Esa zorra de Otilia! ¡Cómo se atreve a enviarme a una…! ¡Ay! ¡Me las va a pagar!

—¿Y tú quién te crees? ¡Ni el Grupo Méndez ni mi jefa te tienen miedo!

Otilia, atraída por el alboroto, salió y se encontró con la escena: su cliente más importante, golpeado y con la cara hinchada, cortesía de Isabella, quien además no dejaba de repetir que seguía sus órdenes.

Sintió como si el mundo se le viniera encima y corrió hacia ellos.

—Isabella, ¿¡qué demonios has hecho!?

Isabella se sacudió las manos y retrocedió un par de pasos, fingiendo sorpresa.

—Jefa, ¿no me pediste que acompañara a Matías a beber? Como temía que no se divirtiera lo suficiente, le hice tomar dos botellas de un solo trago.

—¡Tú!

Otilia, superada la conmoción inicial, se apresuró a ayudar a Matías a levantarse.

Pero al verla, la furia de Matías se desató y le soltó una bofetada.

—¡Zorra! ¡Espérate, que no te la vas a acabar!

El golpe, cargado con toda la ira del hombre, derribó a Otilia. Todo se volvió negro y el mundo le dio vueltas. Cuando recuperó la compostura, Matías ya estaba de pie, apoyado en la pared del pasillo, respirando con dificultad.

—¡Ninguna de ustedes, par de zorras, se va de aquí esta noche! ¡Vayan, tráiganme a mi gente!

—Vaya, ¿así que tienes refuerzos? —Isabella rodó los ojos—. En ese caso, yo me retiro. ¡Nos vemos!

Dicho esto, Isabella echó a correr hacia la salida.

Al otro lado de la línea, su voz sonaba ronca y quebrada, apenas un susurro, como si hubiera sufrido una tortura inimaginable.

—Isabella… no te lo perdonaré…

Isabella se recostó cómodamente en el sofá.

—¿Todavía no te cansas de jugar?

—¡Ya verás, ya verás!

—Aquí espero. Pero, ¿estás segura de que las pruebas que tienes en mi contra son suficientes para amenazarme?

—¡Haré que tu empresa quiebre!

—¿Eso es todo?

—¡Es imposible que no tengas miedo!

—Lo lamentaría, pero de ahí a tener miedo, hay un trecho. Pero piénsalo bien, Otilia. En una guerra contra mí, tú podrías perder todo lo que has construido en seis años. Yo, en cambio, solo perdería una empresa, y no es como si me fuera a morir de hambre sin ella.

A Isabella se le endureció la mirada.

—Además, tú y Gabriel le han estado robando bastante a la empresa con este proyecto, ¿verdad? Si yo lo destapo, es probable que, antes de que mi empresa quiebre, a ti ya te hayan echado del Grupo Méndez.

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