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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 525

Cuando Isabella y Lucas salieron, el cielo se iluminaba con relámpagos y truenos.

La esposa del dueño del rancho y sus padres ya habían recogido el grano del lado este de la casa rodante, pero debajo y al oeste del vehículo aún quedaba una gran cantidad. El carro les estorbaba.

El dueño, desesperado, no paraba de golpear la puerta de la casa rodante. Era imposible saber si la gente de adentro no lo oía o simplemente lo ignoraba, pero después de tanto tiempo, no había respuesta.

—¡Por favor, muevan el carro! ¡La lluvia está a punto de caer! ¡Si se moja, se arruina todo el grano! ¡Nos cuesta mucho trabajo cosecharlo, tengan un poco de consideración!

El hombre suplicaba, pero adentro seguía sin haber movimiento.

Isabella, indignada, le dijo a Lucas que se quedara bajo el techo y corrió hacia allá.

—¡Con tanto ruido y no escuchan! ¿No les habrá pasado algo? —le dijo en voz alta al dueño del rancho, con clara intención.

El hombre no entendió de inmediato.

—¿Cómo dice?

—¡Digo que a lo mejor les pasó algo adentro! —repitió Isabella.

—¿Pasarles algo?

—Pues no están sordos, ¿o sí? ¿Cómo es posible que no oigan este escándalo?

El dueño, al escucharla, empezó a dudar.

—¿Usted cree que de verdad…?

—¡Seguro que sí! —Isabella hizo un gesto para que el hombre se apartara, tomó aire y le soltó una patada tremenda a la puerta de la casa rodante.

El vehículo se sacudió con el impacto. Justo cuando se preparaba para dar otra patada, la luz del interior se encendió. La puerta se abrió y Esther apareció, con el rostro desencajado por la furia.

—¡¿Qué te pasa?! ¡Pateando mi carro a mitad de la noche! ¡No me dejas dormir, eres una desconsiderada!

Isabella parpadeó.

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