En el hospital, el doctor le acomodó el hueso a Floriana. No era grave, sanaría en unos días.
Floriana arrulló a Carlota hasta que se quedó dormida a su lado. Al darse la vuelta, descubrió que Víctor la observaba con los ojos entrecerrados.
—Gracias por lo de hoy.
—Así que me acosté contigo antes.
Floriana apretó los labios al escuchar eso.
Si no fuera tan tonto, pensándolo un poco podría deducirlo.
—Hace seis años —dijo ella.
—¿Hace seis años? —Víctor clavó la mirada en el rostro de Floriana, tratando de recordar, pero nada—. Me he acostado con demasiadas mujeres. Para ser honesto, no destacas tanto.
—Bueno, ya te di las gracias, así que no quiero molestarte más. Por favor, vete.
—¿Cuántos años tiene tu hija?
—¡Mi hija no tiene nada que ver contigo!
—¿Ah, no? —Víctor levantó la mano, mostrando unos cabellos—. Se los acabo de arrancar.
—¿Qué pretendes?
—Una prueba de paternidad. Conozco bien el trámite; varias mujeres han venido a buscarme con niños, pero desgraciadamente ninguno ha resultado ser mío.
Floriana suspiró.
—Haz lo que quieras.
Víctor, al ver la actitud indiferente de Floriana, soltó un bufido y tiró los cabellos.
—Parece que tu hija sí es semilla de Facundo, aunque él no quiera reconocerla.
—No es asunto tuyo.
—Lo único que me da curiosidad es: cuando me acosté contigo, ¿ya te habías divorciado de Facundo?
Floriana miró a Víctor y negó levemente con la cabeza.
—No.
—¡Me pusiste en una situación comprometida!
—¿Te importa?
Víctor metió las manos en los bolsillos.
—La verdad, no mucho.
—Solo te advierto: mejor no le digas a Facundo que te acostaste conmigo. Te mataría.
—¿Quiere matarme? —Víctor soltó una risa—. Primero tendría que tener los huevos para hacerlo.
—¡Tú...!
—¿Quieres que llame a Jairo?
—¡Deja de amenazarme con él!
Isabella mantenía la sonrisa, pero ya había sacado su celular.
—¡Te aviso que no le tengo miedo, solo me cae mal!
Víctor le tenía pánico real a Jairo. Isabella solo tuvo que sacar el teléfono para que él saliera huyendo.
Isabella borró la sonrisa y se acercó a la cama de Floriana. Miró a Carlota dormida, luego el pie lastimado de Floriana y la sangre en su barbilla. Frunció el ceño.
—Ese Facundo, ¡hasta cuándo va a seguir así!
Floriana frunció el ceño también.
—Probablemente solo me dejarán en paz cuando me muera.
—¡Voy a buscarlo!
—No. —Floriana negó con la cabeza—. Ya lo decidí. Voy a regresar al mundo del espectáculo. ¡Mientras más trate de bloquearme, más voy a luchar por destacar! Y Esther... cuanto más quiera algo, ¡más se lo voy a pelear! A partir de ahora, ya no les tengo miedo.
Isabella asintió.
—Así se habla. ¡Yo te ayudo!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...