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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 1148

El banco estaba bajo la sombra de un frondoso árbol de acacia, alto y robusto, que seguramente llevaba décadas allí.

Y así, caminando y deteniéndose a su antojo, llegaron a casa cuando ya había oscurecido.

Lucas estaba en la sala leyendo un libro, mientras las empleadas ponían la mesa para la cena.

Isabella y Jairo habían comprado unos postres de camino, pero Lucas apenas les prestó atención.

—¿Y Samuel? —preguntó Isabella.

—Arriba.

—¿Todavía está haciendo la tarea? —Isabella hizo el ademán de subir a buscar a su hijo menor. Samuel siempre era muy lento para sus deberes; lo que a Lucas le tomaba una hora, a él le llevaba tres o cuatro.

Pero apenas Isabella puso un pie en el primer escalón, Lucas cerró el libro de golpe y corrió escaleras arriba antes que ella.

—¡Yo le aviso!

Al ver que Lucas ya había subido, Isabella no le dio mayor importancia.

Durante la cena, Samuel se sirvió una montaña de comida en su plato y anunció que se lo llevaría a su cuarto para comer mientras terminaba la tarea.

Isabella no pudo contener una sonrisa divertida.

—¿Desde cuándo te gusta tanto estudiar?

—No es que me guste estudiar, es que tengo que terminar la tarea o me van a dar una paliza.

—Tampoco es que te hayamos dado tantas, ¿verdad?

—¡P-pues no quiero que me den ninguna!

Al escuchar su tartamudeo, Jairo lo agarró del brazo y le dio un golpecito en la frente.

—Habla, ¿en qué lío te metiste ahora?

Los ojos de Samuel empezaron a esquivar la mirada de su padre al instante.

—¡N-no me he metido en ningún lío! ¡Papá, me estás acusando injustamente, eres muy malo!

—Ni tu tono ni tu cara me convencen —sentenció Jairo.

—Yo...

—¿Quién está ahí? —preguntó con la voz seca por los nervios.

Al escucharla, la figura se echó a correr hacia el cubo de las escaleras al otro lado del pasillo. El sonido de los pasos apresurados hizo que Isabella perdiera el miedo y corriera tras ella de inmediato.

Al llegar a las escaleras, encendió la luz de golpe. Allí estaba Samuel.

El susto inicial pasó, pero notó que el niño tenía la mirada perdida y caminaba de un lado a otro sin sentido, como si estuviera sonámbulo.

Temiendo despertarlo de golpe, Isabella se limitó a seguirlo en silencio.

Afortunadamente, después de dar un par de vueltas en el descanso de la escalera, Samuel no bajó, sino que regresó a su habitación, se metió en la cama y siguió durmiendo.

Isabella lo arropó con cuidado. Solo cuando salió del cuarto pudo volver a respirar con normalidad.

Antes, Samuel solía sentarse en la cama de vez en cuando y balbucear cosas sin sentido, ¿pero ahora ya había empezado a caminar dormido?

Isabella se sintió muy preocupada y decidió que en los próximos días lo llevaría al doctor sin falta.

Dentro de la habitación, al escuchar que la puerta se cerraba, Samuel dejó escapar un largo suspiro de alivio. Abrió los ojos y sacó el walkie-talkie que su hermano le había dado.

—¡Lucas, ayúdame a buscar a Sofía, desapareció!

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