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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 1149

Después de volver a la cama, Isabella siguió sintiendo que había pequeños ruidos en la casa. Se levantó un par de veces para revisar el cuarto de Samuel, pero como lo vio durmiendo plácidamente, no le dio más vueltas al asunto.

A la mañana siguiente, lo primero que hizo al despertar fue ir a la habitación de Samuel, pero la puerta estaba con seguro.

Isabella tocó varias veces hasta que escuchó su voz desde adentro.

—¡Mamá, ya estoy despierto! ¡No me apures!

Al escuchar su voz llena de energía, Isabella respiró aliviada.

—¿Por qué pusiste el seguro?

—¡Porque me estoy cambiando de ropa!

Isabella sonrió; ese niño ya estaba empezando a exigir su privacidad. Luego fue al cuarto de Lucas. Él ya estaba vestido y listo, aunque se veía un poco pálido.

Isabella lo abrazó con ternura.

—¿No dormiste bien anoche?

Lucas la rodeó por la cintura y escondió su rostro en el pecho de su madre.

—No dormí bien.

Era muy raro que Lucas buscara tantos mimos, así que Isabella lo llenó de besos en la frente.

—¿Quieres que mamá avise en la escuela que no vas a ir hoy?

Lucas negó con la cabeza.

—No es necesario.

—De todos modos ya dominas casi todo lo que te enseñan en la primaria, faltar un día no te hará ningún daño.

—Si falto yo, Samuel va a hacer un escándalo y seguro tampoco querrá ir a la escuela. Y con las calificaciones que tiene, si pierde un día de clases, va a tardar días en recuperarse.

Al escuchar eso, Isabella dejó escapar un largo suspiro. Era increíble que ambos fueran hijos suyos: Lucas era disciplinado, le encantaba aprender y siempre asumía responsabilidades, mientras que Samuel era exactamente lo opuesto. Postergaba la tarea hasta el último segundo, odiaba estudiar y ante el menor problema siempre corría a esconderse detrás de su hermano.

Lucas ya había estudiado por su cuenta todo el plan escolar de primaria, mientras que Samuel todavía no lograba pasar ni un solo examen.

Jairo había salido de viaje de negocios fuera de la ciudad, así que se había marchado antes de que amaneciera. Isabella pensaba decirle a Lucas que bajara a desayunar primero mientras ella iba a lidiar con Samuel, pero para su sorpresa, Samuel ya estaba abajo.

Casi nunca era tan ágil. Lo normal era que arrastrara los pies hasta el último minuto y terminara comiéndose el desayuno en el auto.

Cuando Isabella bajaba las escaleras, se topó de frente con Samuel, que iba corriendo hacia arriba con su plato de desayuno en las manos.

—¡Mamá, voy a comer en mi cuarto, no me interrumpan!

Isabella lo agarró del cuello de la camisa antes de que escapara.

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