—¿La madre del niño falleció por el cáncer?
Víctor guardó silencio un momento y luego negó con la cabeza.
—No.
—¿No?
Pero Belén le había asegurado que la mujer estaba muerta.
—Me hartaron los reclamos de mi mamá y le dije eso para que me dejara en paz.
—¿Y Enzo? ¿Él también cree que su madre ya murió?
—Yo... no lo sé.
Isabella frunció el ceño.
—El más inocente y el que más está sufriendo en todo esto es Enzo. Y tú, como su padre, ni siquiera te has detenido a pensar en lo que él siente.
—Es que simplemente... no sé cómo enfrentar al niño.
—Yo creí que su timidez y su cobardía eran algo de nacimiento, pero escuchándote, me doy cuenta de que este niño está así por culpa de ustedes.
—Ya, por favor, deja de regañarme. Tengo la cabeza hecha un desastre.
—Si la mamá de Enzo sigue viva, entonces el niño debería estar con ella. Aunque a la mujer le quede poco tiempo, estos últimos días serían los más invaluables para ambos.
—Fue ella quien me pidió que me llevara al niño. Y además, ahora mismo no tengo idea de dónde está.
Isabella se llevó la mano a la frente. Víctor era un experto en convertir cualquier situación en un caos monumental.
—Vine a buscarte para que me ayudes a poner mis ideas en orden. ¿Qué se supone que debo hacer ahora?
—¿Qué es lo que tú quieres hacer?
—No quiero perder a Floriana.
—Pues te aconsejo que primero encuentres a la madre de Enzo. Deja que madre e hijo se reúnan, acompáñala hasta que termine su camino en esta vida y, solo después de eso, ponte a pensar en tu relación con Floriana. Eso es lo que haría un hombre que de verdad sabe asumir sus responsabilidades.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...