Isabella no tenía la más mínima idea. El día anterior, durante la comida, Leandro no había mencionado ni una sola palabra al respecto.
Al llegar a su oficina, le pidió a Lola que llamara a Leandro para que fuera a verla, pero la secretaria le informó que ese día él había pedido el día libre.
Isabella pensó que, como la venta ya estaba hecha, de nada servía angustiarse ahora. Decidió que lo mejor era invitar a Leandro a conversar después del trabajo.
Pero antes de que terminara su jornada laboral, recibió una llamada de Elena Peralta.
La madre de Jimena sonaba muy amable y la invitó a cenar esa misma noche. Isabella miró el reloj; como ya casi era hora de salir, decidió adelantar su salida y marcharse.
Se citaron en una cafetería. Cuando Isabella llegó, Elena ya estaba ahí, inmersa en una llamada telefónica. Lo que fuera que le estuviera diciendo la otra persona tenía a Elena con el ceño fruncido, y no dejaba de repetir frases para calmar a su interlocutor.
No fue hasta que Isabella tomó asiento frente a ella que Elena finalmente colgó.
—Espero no haberla interrumpido, señora Elena —dijo Isabella con una sonrisa cortés.
Elena suspiró.
—Era el papá de Jimena. Tuvo una discusión con ella y me estaba llamando para quejarse. Dice que los hijos, cuando crecen, dejan de escuchar a sus padres.
Isabella analizó la situación antes de responder.
—Jimena siempre me ha parecido una chica muy considerada.
—Lo es. Y la verdad es que ella no tiene la culpa de nada de esto.
—¿Es por el asunto del matrimonio con Leandro?
Elena guardó silencio un instante antes de alzar la mirada hacia Isabella.
—Hoy Leandro nos llevó a la oficina de ventas de la constructora y nos dijo que iba a comprar el apartamento.
—¿En serio? A mí no me comentó nada.
—Pero no era en Residencial Armonía.



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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...