Entrar Via

La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 714

—¡Pero yo creo que usted es la persona más buena y genial del mundo!

Víctor sintió como si una bola de algodón le golpeara el corazón. Levantó la vista hacia Carlota; la niña lo miraba con el rostro lleno de compasión.

—Señor, si ellos no lo quieren, yo sí lo quiero.

Víctor sintió un nudo en la garganta. Se cubrió la cara rápidamente para reprimir la emoción y luego soltó una risa.

—En realidad ya no me importa. Ya soy grande, no necesito amor.

—Los adultos necesitan amor todavía más —dijo Carlota parpadeando—. Porque ser adulto es muy cansado; si alguien los quiere, sienten que el cansancio vale la pena.

Víctor sintió que se derretía por dentro.

—¿Quién te enseñó esas palabras?

—Nadie, pero veo que mi mamá trabaja muy duro, así que todas las noches le digo que la quiero. ¡Ah, tengo que llamarle a mi mamá ahora mismo!

Carlota recordó que aún no le había dicho a su mamá que la quería, así que marcó rápidamente desde su reloj inteligente.

La llamada se conectó enseguida:

—Bebé, ¿dónde estás?

—El señor me trajo a cenar.

—¿Estuvo buena la película?

—Sí, ¡buenísima!

—¿Estás contenta?

—¡Sí, mucho!

Víctor miraba a la niña y sentía una calidez desconocida. Al escucharla hablar, las comisuras de sus labios se curvaban sin control y sus ojos desbordaban un cariño que le resultaba ajeno e incómodo.

Aprovechando que la niña hablaba con su madre, salió a fumar un cigarro. El viento frío le ayudó a bajar un poco el calor que sentía en el pecho.

Qué fracasado era él, Víctor Crespo, teniendo que buscar calidez en una niña de seis años.

Al terminar el cigarro, Víctor volvió a entrar y vio a una mujer de unos cincuenta años sentada frente a Carlota, haciéndole preguntas.

—Así que te llamas Carlota, ¿cuántos años tienes?

—¿Seis años ya? ¿Quién te trajo?

—¿El señor? ¿Y tus papás?

—Sí.

Víctor miró a la mujer con desconfianza.

—Si no se fía, ¿llamo a la policía para que ellos lo confirmen?

—No, no hace falta.

La mujer agitó la mano y se fue rápidamente. Víctor resopló; cualquiera que se asuste al mencionar a la policía no puede ser buena persona.

La mujer caminó hasta la entrada del restaurante, pero seguía mirando hacia adentro.

—Son idénticos, como dos gotas de agua.

Lo pensó un momento, le tomó una foto a Carlota a escondidas y se la envió a su hijo.

«Facundo, ¡vi a la niña de la foto! De verdad es idéntica a ti cuando eras chico. ¿Cómo pueden parecerse tanto? ¿Seguro que no es tuya? ¿No será que anduviste con alguien y ella tuvo al bebé en secreto?»

Facundo Prado estaba bebiendo con Thiago Flores y otros amigos. Al recibir la foto de su madre, frunció el ceño inmediatamente; luego, al leer el mensaje, se quedó pensativo.

Hacía un tiempo había planeado llevar a Carlota a hacerse una prueba de paternidad, ¿por qué no lo había hecho al final?

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido