Víctor estaba tan deprimido que quería darse de topes contra la pared. Quería decir que ya se había arrepentido y rogarle a Jairo que hiciera algo para echarlo de la empresa. Pero viendo lo cómodo que estaba Jairo, era obvio que no tenía esa intención.
¿Acaso iba a tener que trabajar como burro toda su vida?
Justo cuando Víctor se sentía miserable, vio a Facundo bajar de un auto y dirigirse directamente hacia Carlota.
Se levantó de inmediato y caminó hacia allá.
Antes de bajar del auto, Facundo había recibido una llamada de su madre. Aunque no lo dijo explícitamente, el mensaje era claro: sospechaba que Floriana los había engañado y que Carlota era, en realidad, hija suya.
Él también había empezado a sospechar. Siendo así, lo mejor era hacer una prueba de ADN. Esta vez, él mismo supervisaría el proceso, sin delegarlo a nadie.
La niña estaba sentada en el pasto comiendo galletas, y entre bocado y bocado les gritaba a los dos hermanos que se perseguían a lo lejos.
—¡Samuel, corre más rápido, Lucas te va a alcanzar!
—¡Lucas corre muy rápido, parece que va a volar!
Después de gritar un par de frases, Carlota comió otra galleta y sintió sed. Quiso tomar el termo que tenía a su lado, pero vio que una mano grande se le adelantaba, lo tomaba, desenroscaba la tapa y se lo volvía a ofrecer.
Carlota levantó la vista hacia el recién llegado. Al verle la cara, hizo un puchero de inmediato.
—Yo puedo abrir la tapa sola, no necesito tu ayuda.
Carlota le arrebató el termo y se giró, ignorando a Facundo.
Facundo frunció el ceño.
—Parece que no te caigo muy bien.
—Eres el papá de Rocío. A mí no me cae bien Rocío, así que no me caes bien tú.
—No soy el papá de Rocío, yo… —Facundo no supo cómo presentarse por un momento, pero ese título de “papá de Rocío” le resultaba muy incómodo—: Antes hice cosas que no estuvieron bien contigo. ¿Podrías perdonarme?
Carlota giró la cabeza con el ceño fruncido para mirar a Facundo. No sabía por qué este adulto le pedía perdón de repente, pero su mamá le había dicho que no debía ser rencorosa, que el enojo pasa y hay que saber perdonar.
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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...