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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 720

—¡Samuel!

Los dos niños se abrazaron emocionados, como si se hubieran reencontrado tras una larga separación. Aunque se habían visto ayer en la escuela e incluso habían jugado juntos, ya habían pasado más de diez horas. Habían crecido juntos, comiendo y viviendo bajo el mismo techo, y nunca se habían separado por más de medio día.

Samuel se llevó a Carlota a jugar, y Víctor, buscando un lugar donde sentarse, descubrió a Jairo tomando el sol no muy lejos. Se frotó la nariz, sintiendo un poco de temor de acercarse a él.

Pero como estaba acostumbrado a ser rebelde y a competir incluso consigo mismo, cuanto más miedo le daba ir, más se obligaba a caminar hacia allá. Su mente se burlaba de él mismo: «Víctor, ¿solo tienes este valor? ¿Qué tiene de aterrador Jairo? No olvides que ahora tú eres quien manda en la familia Crespo. Si se atreve a pegarte, aguanta un par de golpes y luego mándalo encerrar al extranjero».

Pensando en esto, Víctor levantó la cabeza, sacó el pecho y avanzó con total confianza.

Al llegar frente a Jairo, primero soltó un resoplido burlón y luego se sentó en el asiento de al lado.

—Hermanito, ¿te arrepientes ahora de haber peleado conmigo? ¿Ya te diste cuenta de lo que soy capaz?

Jairo seguía recostado perezosamente en el banco, con sus grandes gafas de sol puestas, disfrutando de la luz del sol otoñal, cálida y agradable, que ponía a cualquiera de buen humor.

—Arrepentirme, lo que se dice arrepentirme, no —respondió él.

Víctor soltó una risa nasal.

—Has caído tan bajo que ahora cuidas niños, y sigues de terco. Pero, al final del día, eres mi hermano y no puedo ser tan cruel. Hagamos esto: discúlpate conmigo y te dejaré volver a la empresa, solo que… jum, solo podrás ser mi asistente.

—Ya encontré trabajo, no te molestes.

—¿Encontraste trabajo? —Víctor entrecerró los ojos. ¿Qué empresa se atrevería a contratarlo sin miedo a que al final se quedara con el negocio?

—De niñero.

Víctor casi escupe la bilis.

—Tú, el gran expresidente del Grupo Crespo, ¿de niñero?

Pero todo se lo había buscado él mismo. Teniendo la vida de un rico heredero despreocupado, no la valoró; se empeñó en luchar y competir para gobernar, y ahora se había convertido en un esclavo del trabajo.

—Un hombre debe tener aspiraciones —tosió Víctor para disimular—. Vuelve a la empresa, te dejaré ser gerente general.

Jairo miró de reojo a Víctor. Ese tonto que llevaba todas sus intenciones escritas en la cara, ¿todavía quería que mordiera el anzuelo?

—Mis habilidades no se comparan con las tuyas. De ahora en adelante solo seré un inútil ocioso. Tú, que eres tan capaz, trabaja por los dos.

—Tú, hijo de la…

—Además, no tienes que compadecerte de mí. Mientras trabajes duro, cuando llegue fin de año yo también recibiré mis dividendos. Ah, cierto, tengo más acciones que tú, así que recibiré un poco más de dinero. Pero no importa, tú no trabajas por dinero, ni por placer; tú trabajas por orgullo.

Jairo se rio de sus propias palabras.

—Así que, échale ganas.

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