—No me estoy escondiendo de nadie. —Martina se enderezó en la silla—. Se me desamarró la agujeta.
Al decir eso, hasta ella misma se sintió culpable, así que bajó la cabeza para cortar su carne sin mirar a Floriana.
Floriana, naturalmente, no hizo más preguntas, solo tomó la botella de vino y le rellenó la copa.
—Hermana, ¿eres tú?
De repente se escuchó una exclamación. Era la mujer que estaba sentada frente a Romeo, quien se había levantado para ir al baño y descubrió a Martina al pasar por su mesa.
Floriana vio claramente el fastidio en la cara de Martina, pero al volverse hacia esa mujer, su expresión cambió a indiferencia.
—Si no soy yo, ¿quién más va a ser?
La mujer era Alicia Palacios, la hermana de Martina.
Primero miró a Martina con asombro, y luego cambió a una expresión de alegría:
—¡Qué bueno! Regresaste al país, ¿vienes a mi boda? ¿Cuándo llegaste? ¿Por qué no fuiste a la casa? Y, ¿por qué no me contactaste?
—Yo... no sé a dónde se mudaron.
—¿Ah? ¿Mamá no te dijo? —Alicia soltó un pequeño grito de sorpresa, pero luego pareció recordar algo—. Debe ser que con la mudanza ha estado muy ocupada y no tuvo tiempo de avisarte. Pero debiste llamarnos antes de volver para ir a recogerte al aeropuerto.
—Llamé, mamá me dijo que no regresara.
Alicia puso cara de duda y estaba a punto de preguntar qué había pasado, pero en ese momento Romeo regresó del baño.
—Hermana, Romeo todavía no sabe que volviste. Tengo que hablar con él primero antes de que se vean. Me voy, te llamo más tarde.
Alicia terminó de hablar y corrió hacia donde estaba Romeo.



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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...