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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 858

Floriana guardó silencio un momento.

—Si ya no lo amas, no debería angustiarte tanto.

Martina asintió.

—Todavía lo amo. Lo tengo más claro que nadie.

Después de comer, bajaron al estacionamiento, pero no esperaban que Alicia siguiera allí. Al ver a Martina salir del elevador, Alicia se bajó de su coche y corrió hacia ella.

—Martina, te he estado esperando un buen rato.

Alicia se acercó y se abrazó con confianza al brazo de Martina.

Víctor frunció el ceño de inmediato, volteó y le preguntó a Martina:

—¿Esta es tu hermanita?

Martina ignoró a Víctor y soltó su brazo del agarre de Alicia.

—¿Para qué me esperas?

Alicia estaba a punto de hablar cuando Víctor se interpuso bruscamente frente a Martina.

—¡Así que tú eres la pinche chupasangre esa! ¡Hace un chingo que quería toparme contigo! Resulta que tienes esa cara de mustia.

Alicia se asustó ante la expresión feroz de Víctor y corrió a esconderse detrás de Martina.

—Martina, ¿quién es él?

—¡Ven acá, que ahorita te voy a enseñar quién soy! —bramó Víctor apretando los puños.

Floriana se apresuró a detenerlo. Si un hombre hecho y derecho golpeaba a una mujer y se corría el rumor, él, como la cabeza de Grupo Crespo, quedaría en ridículo.

—¡Ya basta! ¿Qué te pasa? ¡Yo arreglo mis asuntos! —le gritó Martina a Víctor y luego se giró para pedirle a Alicia que se fuera.

—Martina, ¡qué clase de amigo tan patán tienes!

—Así es, es mi amigo, ¡así que te pido que seas más educada con él!

Alicia apretó los labios, haciéndose la víctima.

Al ver que Martina titubeaba, Víctor quiso soltarle un par de insultos para que reaccionara. Floriana le negó con la cabeza; aunque no conocía los detalles entre Martina y su familia, siendo un asunto familiar, los extraños no debían meter su cuchara.

Además, hay cosas que uno tiene que ver con sus propios ojos para entenderlas.

Ante las súplicas de Alicia, Martina finalmente se ablandó y aceptó.

Les avisó a Víctor y a los demás, y luego se subió al auto de Alicia y se marcharon.

Víctor soltó un bufido.

—Ya verás, ¡se la van a volver a chamaquear!

Carlota se quedó dormida en el camino. Al estacionar el auto, Víctor la cargó desde el asiento trasero.

Carlota, reconociendo que era él, se acurrucó tranquila en sus brazos.

—Papá...

—Ya llegamos a casa.

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