Estuvieron ocupados hasta casi el mediodía, cuando los niños dijeron que tenían hambre.
Isabella fue a la cocina a preparar algo, pero en el momento en que abrió el refrigerador, un olor a podrido tan penetrante la golpeó en la cara que tuvo que dar dos pasos hacia atrás por la peste.
Toda la comida y las verduras que los vecinos les habían regalado el día anterior se habían echado a perder...
Se quedó desconcertada por un momento y revisó el electrodoméstico de inmediato, solo para darse cuenta de que no estaba enfriando en absoluto; se había descompuesto.
A la hora de la comida, los cuatro tuvieron que conformarse con unas sopas instantáneas.
Lucas ya no quería estar en ese lugar ni un minuto más y no dejaba de insistir en que quería volver a casa.
A Samuel también se le habían quitado un poco las ganas de quedarse, pero ya había quedado con sus amigos para salir a jugar en la tarde.
—Desde que llegamos ayer, primero se cae la cama, luego resulta que hay ratones en el techo, después se rompe el grifo, aparece una víbora en la casa y ahora el refrigerador ya no sirve. —Al llegar a este punto, Isabella se quedó pensativa—. Siento que hay gato encerrado.
Por más que la casa hubiera estado deshabitada durante medio año, no era normal que todo fallara al mismo tiempo.
Jairo compartía la misma sospecha. Se lo pensó un instante y se levantó para revisar el refrigerador. A simple vista, no parecía tener ningún defecto, pero al jalar un poco el cable del enchufe, este se desprendió por completo de la parte trasera.
El cable estaba roto, pero al revisarlo de cerca, era evidente que había sido un corte limpio.
Isabella se acercó a inspeccionarlo; en efecto, parecía que alguien lo había cortado a propósito.
—¿Tienes enemigos en este pueblo? —le preguntó Jairo, levantando una ceja.
—La verdad no creo haber ofendido a nadie —respondió ella tras pensarlo un momento.
Sin embargo, al ver el cable trozado, era innegable que alguien les estaba jugando chueco.
—¡Como sea, yo me quiero regresar a la casa! —exclamó Lucas. El solo recuerdo de la víbora le había quitado el hambre y ni siquiera pudo terminarse la sopa.
Isabella miró a Jairo y ambos cruzaron una mirada cómplice.
—¿Por qué no te llevas a Lucas de regreso a la ciudad de una vez? —sugirió ella.



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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...