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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 872

—¡Mamá, hay un fantasma!

Samuel salió corriendo de su cuarto a tropezones, muerto de miedo, y se lanzó a los brazos de su mamá.

Isabella lo abrazó con fuerza.

—¿Te acuerdas de lo que te acabo de platicar hace rato?

Al sentirse seguro en brazos de su madre, Samuel empezó a tranquilizarse y recordó sus palabras.

—Que los fantasmas no existen, y que si aparece uno, seguro es alguien queriendo asustarnos.

—Por eso mismo, no tienes por qué asustarte.

Sentó a Samuel en el sofá, corrió al cuarto del niño y miró hacia abajo a través del ventanal. Efectivamente, se alcanzaba a ver una silueta blanca rondando por el patio.

Si antes solo era una sospecha, ahora estaba completamente segura de que alguien les estaba jugando una mala pasada.

Le mandó un mensaje por celular a Jairo, agarró el palo de escoba que había dejado preparado y bajó las escaleras a toda prisa.

Pero en cuanto llegó al patio, la figura blanca se había esfumado.

Encendió todas las luces del jardín y dio una vuelta para buscar, pero no encontró a nadie; además, la puerta principal seguía cerrada con candado.

Isabella se quedó sin palabras.

Justo cuando estaba tratando de entender qué había pasado, Jairo y Lucas regresaron, y ella se apresuró a abrirles la puerta para que entraran.

Al darse cuenta de que alguien andaba haciéndoles travesuras en secreto, a ella y a Jairo se les había ocurrido ese plan. Jairo y Lucas fingirían irse, dejando solo a Isabella y Samuel. Al ver que había menos gente en la casa, y que solo quedaban una mujer y un niño, el responsable se sentiría más confiado para actuar y acabaría exhibiéndose.

Y tal como lo habían previsto, esa misma noche la persona hizo su movimiento, con bastante impaciencia, por cierto.

—Ya no está —informó Isabella.

—Ya sé dónde se escondió —dijo Jairo. Sacó una tableta electrónica y le puso el video de las cámaras de seguridad de hace unos minutos para que lo viera.

Curiosamente, el sistema de vigilancia también se había descompuesto, así que antes de irse, se había encargado de arreglarlo a escondidas.

Para empezar, estaba segurísima de que esa puerta no existía antes. Y para colmo, ¿quién tendría el descaro de perforar la barda de su casa para instalar un acceso así?

Jairo intentó empujarla, pero estaba atorada desde el otro lado.

—¿Ahí al lado viven los que les vendieron la casa? —preguntó él.

Isabella asintió.

—Sí, los dos señores.

No cabía duda de que ellos habían mandado a hacer esa puerta, pero ¿con qué propósito? ¿Y la persona que andaba asustando a la gente con la sábana era... la vecina?

¿Por qué se pondría a hacer eso?

—Mejor vamos a aclarar esto de una buena vez.

Dicho eso, Jairo empezó a golpear con todas sus fuerzas la puerta de metal, provocando un estruendo enorme en medio del silencio nocturno. No pasó mucho tiempo antes de que se escuchara cómo quitaban el seguro del otro lado, y enseguida, la hoja metálica se abrió hacia afuera.

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