—¡Este ya lo escogí yo! ¡Ni pienses que me lo vas a quitar!
—Está bien —asintió Martina—. Veré otras opciones entonces.
Las dos vendedoras cruzaron miradas, y una de ellas fue a sacar otros modelos para mostrárselos a Martina.
Martina observó los anillos con detenimiento, fingiendo que ninguno le convencía del todo.
—Señorita, si ya se decidió por este modelo, ¿puedo irle preparando la nota? —le preguntó la empleada a Alicia, ya un poco impaciente.
El hecho de que Alicia acaparara la joya sin pagarla les impedía ofrecérsela a otros clientes.
Alicia le lanzó una mirada fulminante a la empleada.
—¡Por qué tanta prisa!
—Si desea considerar otras opciones, le agradecería que dejara el anillo en su lugar para que otros clientes puedan apreciarlo.
—¿Estás sorda? ¡Ya te dije que me llevo este!
—Entonces, ¿le preparo la nota?
—¿Qué, tienes miedo de que no te lo pueda pagar?
—No, señorita, pero tampoco puede entorpecer nuestras ventas, ¿no cree?
—¿Tienes idea de quién soy?
—¿Eh?
—Ubicas a la Farmacéutica Quintero, ¿verdad?
La empleada asintió, un poco desconcertada. Ella solo quería que pagaran y se fueran; no le interesaba saber quiénes eran.
—¡Pues soy la dueña del Grupo Quintero! ¿De verdad crees que no me alcanza para pagar esta cosita?
La vendedora apretó los labios, quedándose sin palabras por un momento.
—Señora Quintero, ¿para qué se pone a molestar a la empleada? Si ya escogió el anillo, pues páguelo de una vez —intervino Martina, cargada de sarcasmo—. Digo, siendo usted la gran dueña del Grupo Quintero, no creo que le falten unos cuantos pesos.
—¡A ti qué te importa! —le gritó Alicia, lanzándole una mirada furiosa.
—Claro que me importa. Porque si tú no lo compras, lo compro yo.
Al escuchar eso, las dos vendedoras se voltearon a ver de nuevo.
—¡Ja! ¿Tienes idea de cuánto cuesta este anillo como para andar abriendo la boca?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...