—Vaya, ahora sí me llamas hermana. ¿Cómo me decías antes? ¿Zorra, cualquiera?
—Per... perdón, te juro que no lo volveré a decir.
—Tus disculpas no sirven de nada. Y aunque lo jures, no te creo.
—¿Entonces qué quieres? —preguntó Alicia, fulminando a Martina con la mirada.
—Mírate, ni siquiera he dicho que te voy a ayudar y ya enseñaste el cobre.
—Yo...
—Primero, date dos cachetadas.
—¿Qué dijiste? ¿Quieres que me dé dos cachetadas? —preguntó Alicia, abriendo los ojos de par en par.
—¿No te atreves? —preguntó Martina, parpadeando de manera inocente.
—Marty, no puedes hacer que tu hermana se golpee frente a tanta gente. Es... es una locura —intervino Elsa, intentando calmar la situación.
—Me acabas de recordar algo. Creo que tú también me insultaste antes, ¿verdad? —dijo Martina, fijando la mirada en ella.
—No, yo no te insulté —se apresuró a decir Elsa, retrocediendo de inmediato.
—Claro que puedes negarte a hacerlo, pero piénsalo bien. Si hoy de verdad te lleva la policía, ¿crees que la familia Quintero te va a seguir queriendo? —Martina esbozó una sonrisa de medio lado y volvió a mirar a Alicia.
—Pero... soy tu hermana, ¿no sientes nada de cariño por mí?
—¿Tú lo sentiste alguna vez por mí?
Alicia apretó los labios. Sabía que Martina no la iba a ayudar de buena gana. Pedirle que se golpeara a sí misma... ¿cómo iba a hacerlo, y menos frente a todos? Pero si no aceptaba y la policía llegaba, la familia Quintero jamás la aceptaría al enterarse.
Tenía que aguantarse. Mientras lograra casarse con Romeo y convertirse en la legítima señora Quintero, tendría mil formas de cobrárselas a Martina.
Pensando en eso, Alicia apretó los dientes, levantó la mano y se dio dos buenas cachetadas.
—¿Así está bien?
—Muy suaves —dijo Martina con una sonrisa burlona.
—Te estás pasando de la raya...


Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...