Entrar Via

La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 935

En esa sesión de fotos, aunque él no sonrió en ningún momento, cada imagen salió perfecta.

—Romeo, ¿te gusta este anillo?

Alicia extendió la mano para que Romeo lo viera.

—Costó doscientos sesenta mil pesos. Aunque no se compara con el de ochocientos mil pesos que trae mi hermana, la verdad es que me encanta.

Romeo ni siquiera lo miró.

—Mientras a ti te guste, está bien —dijo.

—Me lo compró mi hermana. Dijo que así, cada vez que lo vea, me acordaré de ella.

Esta vez Romeo ni se molestó en responder y siguió comiendo con el rostro inexpresivo.

Alicia, al no darse por vencida, insistió:

—Esta es nuestra nueva casa. No creo que sea buena idea que mi hermana venga tan seguido, ¿verdad? Si alguien la ve, la gente va a empezar a chismear.

—La verdad, no es buena idea —coincidió Romeo.

A Alicia le brillaron los ojos.

—Entonces, ¿podemos pedirle que deje de venir?

—Mejor tú deberías venir menos.

—¿Eh?

Romeo le lanzó una mirada de reojo a Alicia.

—¿No tenías miedo de que la gente empezara a chismear? Pues entonces ven menos.

—Pero si yo soy tu prometida.

—Podría ser cualquier otra.

Alicia se quedó de una pieza. Sentía que había sido bastante sutil, pero era evidente que había hecho enojar a Romeo. Él sabía perfectamente que ella ya había descubierto la relación que tenían, y aun así no dio ninguna explicación. Ni siquiera se molestaba en ocultarlo; le importaba un comino lo que ella sintiera.

—Si ya no te quieres casar, hablaré con mi familia para cancelar la boda —agregó él.

—¡No, yo… yo sí quiero casarme! ¡Quiero ser tu esposa, Romeo, te amo! —exclamó Alicia, llena de pánico.

—Pues que así quede entonces.

—Entonces, ¿por qué…?

—Por eso mismo, tampoco voy a dejar que tú te salgas con la tuya.

Al decir esto, Martina se puso de pie.

—Cocinas bastante bien. Se nota que tomaste clases nada más para quedar bien con Romeo. Pero te voy a contar un secretito de hermana mayor: a él le gustan las cosas con un toque de acidez, no el picante. Además, come muy simple, con mucha menos sal que la mayoría. Por eso siempre necesita tener un vaso de agua a la mano cuando sale a comer.

Martina le dio un último vistazo a los platos preparados por Alicia.

—Es una pena que nada de lo que hiciste hoy sea de su agrado. Sin embargo, a mí me pareció delicioso, así que por eso comí un poco de más.

En ese instante, Alicia sentía unas ganas incontrolables de aventar la mesa por los aires del coraje.

***

—Señor Víctor, la ruta que abrieron hoy Lina Hernández y usted demostró una coordinación increíble. Para ser honesto, antes de que empezaran, yo no creía que lo fueran a lograr.

Quien hablaba era considerado un veterano en el círculo de la escalada. Al principio, había menospreciado la integración de Víctor Crespo al grupo, pensando que solo era un tipo con mucho dinero que lo tomaba como un pasatiempo pasajero y que, a la primera dificultad seria, se iba a echar para atrás.

Pero tras esta expedición en equipo, llegó a conocer mejor a Víctor. Descubrió que realmente amaba escalar por pasión, que no le asustaba el esfuerzo físico y que sentía un deseo genuino por llegar a la cima.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido