En ese grupo no andaban con rodeos: respetaban a quien demostrara habilidad.
Así que, al reconocer la capacidad de Víctor, el veterano hizo a un lado sus prejuicios e incluso se acercó a invitarle un trago.
Víctor chocó su vaso con el de él.
—Todo el mérito es de Lina que me fue guiando. Todavía me falta mucha práctica.
—La próxima semana vamos a ir a escalar al extranjero. ¿Te animas a venir con nosotros?
Víctor lo pensó un momento.
—No creo. Tengo que regresar a Nublario, tengo un pendiente que resolver.
El hombre volvió a brindar con Víctor y regresó a su asiento.
Lina le preguntó a Víctor en voz baja:
—¿En serio no nos vas a acompañar?
—No. Tengo algo que hacer.
—¿De qué se trata?
Víctor frunció el ceño. Odiaba que lo estuvieran interrogando; si quería contar algo, lo hacía por iniciativa propia, pero si lo presionaban cuando no quería hablar, se irritaba con facilidad.
—Nada importante.
Al notar su fastidio, Lina prefirió no insistir y simplemente le sirvió otra copa.
—Pues yo tampoco voy a ir. Así aprovecho para regresar a Nublario a descansar.
A Víctor no le importaban en lo más mínimo los planes de Lina, así que no dijo nada.
El ambiente del día había sido excelente y varios se acercaron a tomar con Víctor. Él también estaba de buen humor tras haber superado con éxito su primera ruta compleja, por lo que aceptaba los tragos de cualquiera que se los ofreciera.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...