Entrar Via

La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 936

En ese grupo no andaban con rodeos: respetaban a quien demostrara habilidad.

Así que, al reconocer la capacidad de Víctor, el veterano hizo a un lado sus prejuicios e incluso se acercó a invitarle un trago.

Víctor chocó su vaso con el de él.

—Todo el mérito es de Lina que me fue guiando. Todavía me falta mucha práctica.

—La próxima semana vamos a ir a escalar al extranjero. ¿Te animas a venir con nosotros?

Víctor lo pensó un momento.

—No creo. Tengo que regresar a Nublario, tengo un pendiente que resolver.

El hombre volvió a brindar con Víctor y regresó a su asiento.

Lina le preguntó a Víctor en voz baja:

—¿En serio no nos vas a acompañar?

—No. Tengo algo que hacer.

—¿De qué se trata?

Víctor frunció el ceño. Odiaba que lo estuvieran interrogando; si quería contar algo, lo hacía por iniciativa propia, pero si lo presionaban cuando no quería hablar, se irritaba con facilidad.

—Nada importante.

Al notar su fastidio, Lina prefirió no insistir y simplemente le sirvió otra copa.

—Pues yo tampoco voy a ir. Así aprovecho para regresar a Nublario a descansar.

A Víctor no le importaban en lo más mínimo los planes de Lina, así que no dijo nada.

El ambiente del día había sido excelente y varios se acercaron a tomar con Víctor. Él también estaba de buen humor tras haber superado con éxito su primera ruta compleja, por lo que aceptaba los tragos de cualquiera que se los ofreciera.

La mujer a la que consideraba su amiga se había metido en su cama con obvias intenciones.

—Víctor, ya te dije que no espero que asumas ningún compromiso. Ya me quité la ropa, no creo que no sientas absolutamente nada por mí. —Lina seguía intentando aferrarse a él.

Él la empujó una vez más.

—¡Lárgate de aquí!

—¿Tienes miedo de que se entere Floriana? ¡Te prometo que no le voy a decir nada!

—¡Te dije que te largues!

En ese instante, Víctor solo sentía asco, una profunda repugnancia. Puede que no fuera un santo con estándares morales altísimos, pero para él una amistad era sagrada, y jamás se acostaría con una amiga.

Por muy descarada que fuera Lina, ya no pudo soportar el rechazo. Se vistió y bajó de la cama, claramente enfadada.

—Víctor, ¿en serio creíste que lo nuestro era solo una simple amistad? ¡Ja! El que está mal de la cabeza eres tú. ¿Acaso los amigos se abrazan a cada rato? ¿Los amigos se acuestan juntos en la misma cobija? ¿Se dan de comer en la boca? ¡Nosotros dejamos de ser simples amigos hace mucho! Así que no te hagas el persignado ahora, ¡qué estupidez!

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido