Alexa jaló al hombre para impedir que se fuera. Le prometió que encontraría la forma de conseguir el dinero para comprar la casa y le rogó que no se enojara.
El tipo, perdiendo la paciencia, le soltó una patada que la tiró al suelo.
—¡Si no fuera por lástima, ni de broma me casaría contigo! —le espetó—. Tienes diez días para traerme cien mil pesos en efectivo. ¡Si no, terminamos y ni se te ocurra buscarme!
Dicho esto, el hombre se subió a su coche y se fue.
El golpe debió haber sido fuerte, pues Alexa se quedó tirada en el piso sin poder levantarse. Al verla desde el segundo piso, Julieta bajó corriendo para ayudarla.
—Ese patán te pegó, ¿verdad? —preguntó Julieta.
—¡Solo te está sacando dinero! ¡No te ama, ni tiene ninguna intención de casarse contigo!
—¡A ver si ya reaccionas, por favor!
—¡Todo esto es por tu culpa! ¡Como no sirves para nada y no puedes darme el dinero para la casa, él me pega! —le gritó Alexa, dándole un empujón.
—¡Ese tipo es una basura!
—¡No me importa, yo me voy a casar con él!
—¡Estás... estás ciega! ¡Ya no tienes remedio!
—¡Pues dame el dinero! ¡Dámelo!
Alexa siguió empujando a Julieta, repitiendo la palabra dinero sin parar.
Floriana observaba la actitud de Alexa y sentía que la joven no estaba del todo bien de la cabeza. Mientras conducía de regreso al hotel, vio al novio de Alexa en la calle.
Llevaba en brazos a un niño de unos tres años, dándole de comer mientras platicaba con una mujer a su lado.
Ella, de unos veinte años, se recargaba de forma juguetona contra el pecho de él de vez en cuando, y el hombre aprovechaba para abrazarla y darle un beso.
Además, el niño lo llamaba «papá» a él y «mamá» a ella.
Floriana soltó un suspiro. Resultaba que ese novio ya tenía mujer e hijo; estaba engañando a Alexa por completo.
—¿Están grabando esto?
Floriana se sobresaltó. De hecho, sí había encendido la grabadora del celular.
—Me equivoqué —corrigió Alexa de inmediato—. Mi papá sí trabajaba para su hotel.
Isabella soltó una risa seca. Alexa tenía mucho más colmillo que Julieta. Le lanzó una mirada a Floriana, quien, con un suspiro de resignación, sacó el celular y apagó la grabación frente a la chica.
—Mi mamá les pidió un millón de pesos y ustedes se negaron —continuó Alexa.
—Y no vamos a aceptar, porque si involucramos dinero en este problema, las consecuencias serán mucho peores más adelante.
—Pero si no nos van a pagar, ¿por qué tendríamos que ayudarles?
—Porque fue tu padre quien perjudicó a nuestro hotel. Y nosotros ni siquiera hemos presentado cargos para...
—Pues presenten los cargos que quieran, de por sí él ya está en la cárcel.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...