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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 1070

Facundo se quedó en silencio por un momento.

—Manoel Suárez, habla ya, ¿qué es exactamente lo que quieres?

Manoel fingió pensar con esfuerzo y luego levantó la vista para devolverle la pregunta.

—Señor Prado, ¿usted qué cree que quiero?

—¡Déjate de tonterías y pide lo que quieras de una vez!

—Mi fábrica quebró, mi esposa y mis hijos saltaron de un edificio, siento que mi vida ya no tiene sentido. Quiero morir.

—¡Entonces muérete!

—¡Por eso traje a tu hija!

—¡Manoel Suárez!

—¡Arrodíllate!

—¿Qué?

Los ojos de Manoel brillaron al pronunciar esa palabra.

—¡Quiero que te arrodilles!

—¡Estás completamente loco!

Al ver que Facundo se negaba, Manoel agarró a Carlota e hizo el ademán de saltar.

—¡Me arrodillo yo!

Quien dijo eso no fue Facundo, sino Víctor. Se había dejado caer de rodillas con agilidad, juntando las manos para suplicarle a Manoel.

—La niña que tienes ahí, aunque lleva la sangre de Facundo Prado, ¡es la hija de Floriana y mía! La amamos mucho, muchísimo, ¡por favor no le hagas daño!

Al verlo de rodillas, Manoel soltó una gran carcajada.

—¡El intocable señor Prado se acaba de arrodillar ante mí! Jaja, aún recuerdo la primera vez que fui a rogarte que fueras el intermediario. Ni siquiera me miraste a la cara. Te supliqué durante mucho tiempo y solo me diste cinco minutos de tu tiempo, y en esos cinco minutos estuviste hablando por teléfono, no de negocios, sino riéndote con tus amigos. Cuando terminé de explicarte mi urgencia, hiciste un gesto con la mano para que me fuera. Te dije que no tenía otra salida, que estaba dispuesto a darte todas las ganancias de ese pedido, solo te pedía que nos ayudaras a recuperar esas piezas para salvar la reputación de mi empresa.

—En ese momento, menospreciaste esa pequeña ganancia y llamaste a seguridad para que me echaran. No me quedó más remedio que arrodillarme ante ti.

Al llegar a esta parte, Manoel rio aún más fuerte.

—Seguro que en ese entonces no te imaginabas que llegaría este día, en el que tú también te arrodillarías ante mí.

—Pero luego te ayudé —dijo Facundo.

—¿A eso le llamas ayuda? —El rostro de Manoel se volvió de hielo—. El Grupo Prado empezó a tener problemas de fondos por la presión del Grupo Crespo. Al principio no te interesaban las ganancias de mi pedido, pero después sí, así que me buscaste.

—En ese momento todavía te estaba inmensamente agradecido. Como te había dicho antes, ya no quería ganar dinero, solo quería salvar la reputación de mi empresa. Pediste diez millones y vendí mi casa y mi auto para juntar el dinero. Luego, cumpliste tu palabra y recuperaste nuestras piezas del Grupo Alfa.

—Te estaba tan agradecido que hasta lloré de emoción, ¡pero jamás imaginé que tendrías el alma tan negra! ¡Las piezas que nos recuperaste estaban defectuosas!

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