—Él planea cometer una locura, ¿verdad?
—Eso es exactamente lo que me aterra.
—Es muy probable. Adelántense, yo me encargaré de contactar a las autoridades.
—De acuerdo.
Al colgar el teléfono, Víctor vio que Floriana estaba tan alterada que no dejaba de morderse el labio inferior, a tal punto que se había hecho sangre sin darse cuenta. Rápidamente sacó un pañuelo de papel y se lo ofreció.
—Jairo también está buscando una solución. Te prometo que Carlota estará a salvo.
—Lo sé, pero estoy aterrada.
Víctor extendió el brazo y le apretó la mano.
—Debí quedarme vigilándola en todo momento. Fue un descuido imperdonable de mi parte.
Floriana frunció el ceño con profunda tristeza.
—Yo pude haber vuelto anoche, pero el cansancio me venció y me quedé dormida.
Ambos estaban carcomidos por la culpa y solo podían intentar darse fuerzas mutuamente.
No tardaron en llegar a la Zona Industrial Suárez. Tras la quiebra de la empresa, el lugar había quedado completamente abandonado. Los portones de la fábrica estaban abiertos de par en par, por lo que Víctor metió el auto directamente.
Apenas se bajaron, otro automóvil apareció a toda velocidad. Sin intención de frenar, se dirigió directamente hacia Víctor.
Gracias a sus rápidos reflejos, Víctor logró escudarse detrás de su propio vehículo justo a tiempo, evitando ser atropellado.
El otro automóvil derrapó hasta detenerse. Facundo bajó hecho una furia, avanzó a zancadas hacia Víctor y, sin decir una palabra, le asestó un brutal puñetazo en la cara.
—¡Si a mi hija le llega a pasar algo, te mato!
Víctor recibió el impacto de lleno, pero no hizo ningún intento de defenderse ni de devolver el golpe.
Sabía que él tenía la culpa de lo sucedido. Si Carlota sufría algún daño, él mismo no se lo perdonaría jamás.
—¡Facundo, si quieres perder los estribos, hazlo después! ¡Ahora tenemos que encontrar a Carlota!
Al ver que Floriana se ponía frente a Víctor para protegerlo, la mirada de Facundo se volvió aún más despiadada.
—¡Floriana, tú pusiste la vida de Carlota en peligro! ¡Te juro que pelearé por la custodia total! ¡De hoy en adelante, la niña no volverá a vivir contigo!
Facundo esquivó la mirada.
—Ese tipo es bastante dócil, ¡no me imagino que sea capaz de hacer algo así!
—Cuando llevas a un hombre pacífico al límite, es capaz de cometer cualquier atrocidad —soltó Víctor con un tono cargado de intenciones.
—¡Víctor, ya ajustaré cuentas contigo después! ¡Pero este no es tu problema, así que lárgate de aquí de inmediato!
—¡Facundo! —rugió Floriana indignada—. ¡Cómo te atreves a pelear por pequeñeces en una situación como esta!
Facundo jaló bruscamente a Floriana hacia él y encaró a Víctor.
—¡Carlota es mi hija! ¡Lleva mi sangre y no tiene absolutamente nada que ver contigo! En pocas palabras, ¡tú ni siquiera tienes derecho de estar aquí!
Víctor frunció el ceño.
—¡Ya sé que no lleva mi sangre, pero ella me llama papá, así que es mi responsabilidad salvarla!
—¡Tú no eres nadie!
—¡Facundo, si te estoy aguantando no es porque te tenga miedo, sino porque tenemos que rescatar a Carlota! Pero cuando todo esto termine, si quieres arreglar cuentas, ¡con mucho gusto te complaceré!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...