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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 961

El antiguo cuarto que Vicente y su familia rentaban era poco más que una construcción de tabique sin terminar. Cuando llegaron, notaron que la puerta estaba trancada por dentro.

Noemí tocó un par de veces pero, al no recibir respuesta, las guio hacia la ventana de la parte trasera. Casualmente la ventana estaba entreabierta, lo que permitía escuchar con claridad todo lo que sucedía adentro.

—¡Ayuda! ¡Aaah!

Un agudo grito de dolor las tomó por sorpresa.

—¿Esa fue Alexa?

Isabella se giró rápidamente para ver a Julieta, pero descubrió que la señora tenía una expresión sumamente incómoda.

—¡Ah! ¡Duele mucho! ¡Así, qué rico!

—¡Mátame, sí!

—¡Mátame de una vez!

Eso era...

Isabella se quedó sin palabras. Había pensado que Vicente la estaba maltratando a golpes, pero entre más escuchaba, más claro le quedaba de qué se trataba, especialmente por los ruidos masculinos que también salían del interior.

Floriana tampoco supo qué decir. Con razón su admiradora le había contado que Alexa era tan escandalosa que traía locos a los vecinos. ¿Quién iba a soportar semejantes berridos a todo pulmón?

A Noemí le tomó un segundo procesar los sonidos, pero en cuanto captó lo que significaban, se le ensombreció el rostro y empezó a golpear la ventana con una furia irracional.

—¡Vicente, eres un maldito animal! ¡Ábreme la puerta!

El cuarto quedó en completo silencio. De inmediato, se escucharon pasos apresurados tropezando con los muebles.

Noemí dio la vuelta hacia la entrada a toda prisa, justo a tiempo para ver cómo Vicente huía tratando de subirse los pantalones al mismo tiempo. Salió a corretearlo un buen tramo, y al darse cuenta de que no lo iba a alcanzar, agarró un ladrillo del suelo y se lo aventó, fallando estrepitosamente.

Justo en ese momento, Alexa salió de la habitación. Llevaba el cabello alborotado y la ropa arrugada, pero no tenía ni la más mínima expresión de culpa o vergüenza de quien acaba de ser atrapada en plena infidelidad; de hecho, lucía sumamente orgullosa de sí misma.

—¡Vicente ya no te quiere! ¡Es a mí a quien ama, así que dale el divorcio!

Esa exigencia iba dirigida a Noemí. Como esta ya venía echando chispas, se abalanzó contra la descarada y le plantó una bofetada que le volteó la cara.

—¡Maldita descarada!

—¡Mamá, diles que suelten el dinero de una buena vez! ¡Tengo que casarme con Vicente, me muero si me deja!

Julieta miraba a su hija como si se tratara de una completa extraña.

—¿De veras... te das cuenta de las cochinadas que estás diciendo?

—¡Quiero que Vicente se separe de su mujer para que se case conmigo!

Esa fue la gota que derramó el vaso para la señora. Totalmente enfurecida, se acercó a Alexa y le soltó dos bofetadas fulminantes.

—¡Tu padre y yo fuimos gente humilde y decente toda la vida! ¿Cómo es posible que hayamos criado a una mujer tan... arrastrada y sin vergüenza como tú?

Alexa se cubrió las mejillas golpeadas y le lanzó una mirada cargada de resentimiento a su mamá.

—¡Si estoy así de loca, es por culpa de ustedes!

—Sí, claro que cometimos errores contigo. Pero tu pobre padre ya está encerrado en la cárcel y yo me parto la espalda trabajando todos los días nomás para darte mis centavos... ¿Pues qué más chingados quieres que hagamos?

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