—Yo también creía que no te amaba —respondió Romeo con un tono cargado de melancolía.
—Pero la verdad es que, hasta el día de hoy, me cuesta trabajo creer que en ese entonces me amaras —replicó Martina con una sonrisa amarga.
—En aquel tiempo, estaba seguro de que te casarías conmigo.
—Y, sin embargo, cuando te propuse terminar, aceptaste sin chistar.
—Pensé que te ibas a arrepentir.
—Pero luego fuiste a buscarme a Canadá.
Romeo no supo qué contestar a eso.
—Al verme caer tan bajo, te dio mucho coraje, ¿verdad?
—Sentí pura indignación. Me pareciste una persona despreciable y pensé que ya no había ninguna posibilidad de que volviéramos a empezar.
—De todos modos, tengo que darte las gracias. Usaste la identidad de otra persona para sacarme de ahí y mantenerme todo este tiempo.
Romeo volteó a mirar a Martina.
—¿Te enteraste?
Martina dejó escapar un largo suspiro.
—Lo siento, ya sé que querías mantenerlo en secreto toda la vida.
Romeo volvió a mirar por la ventana.
—La verdad, ya da igual.
—Romeo, ¿por qué vas a casarte con Alicia? ¿Lo haces para ayudarme a vengarme de ellos?
—Te estás imaginando cosas.
—Está bien.
Si él decía que ella imaginaba cosas, que así fuera. A estas alturas, daba lo mismo si lo admitía o no.
—¡Romeo, ven a ayudarme con el cierre de la espalda, por favor! —se escuchó la voz de Alicia.
Romeo le dio una mirada profunda a Martina y luego se dio la vuelta para dirigirse hacia el vestidor. Pero, justo cuando su mano estaba a punto de rozar la perilla de la puerta, Martina lo abrazó por la espalda.
—No te cases con ella, ¿sí? —le pidió Martina en un susurro.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...