—¿Ya estás contenta?
En los ojos de Martina brilló un destello de locura mientras desviaba la mirada hacia Rubén.
—¿Y tú? ¿No crees que lo que hiciste es motivo suficiente para ponerte de rodillas?
—Tu mamá ya está hincada. ¿A poco también me vas a hacer arrodillar a mí?
—¿No quieres? —Martina volvió a alzar el celular.
Rubén soltó un bufido de frustración y, de mala gana, se arrodilló.
Luego, Martina volteó hacia Alicia.
—¿Y qué hay de ti?
—¡Ni en tus sueños!
—¿Ah, sí? —Martina entrecerró los ojos.
Alicia iba a protestar de nuevo, pero Rubén la agarró con fuerza del brazo y la jaló hasta tirarla al piso de rodillas.
—¡Ya te había dicho que te aguantaras!
Y así estaban los tres, arrodillados uno al lado del otro frente a ella. Al verlos, Martina comenzó a reír. Soltó carcajadas estruendosas hasta que casi le faltó el aire.
—¡Jaja, por fin se humillaron ante mí!
—¡Ahora sí saben lo que es equivocarse!
—¡Deberían verse, parecen un trío de payasos!
Martina sabía que había perdido la cordura; ellos mismos la habían orillado a volverse loca.
—Ya hicimos lo que pediste y estamos de rodillas. ¡Si no nos ayudas, juro que te mato y después me doy un tiro! —amenazó Rubén, con una mirada retorcida y oscura.
Martina negó con la cabeza.
—Antes me daba igual estar viva o muerta, pero ahora ya le agarré el gusto a la vida.
De repente se había dado cuenta de que seguir respirando tenía su lado divertido.
—Hablaré con Romeo después de la boda de mañana —prometió Martina.
Rubén todavía la miraba con desconfianza.
—¿Me das tu palabra?


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...