Entre más pensaba Vanesa, más pavor sentía.
Pero ya no tenía otra salida; Lorena era su único salvavidas.
Si Valerio le había dado el proyecto de la empresa a Lorena, seguro ella significaba algo para él.
Un hombre tan millonario y exitoso jamás se conformaría con tener a una sola mujer a su lado.
Vanesa observó a Lorena con los ojos rebosantes de esperanza.
Sin embargo, lo que escuchó a continuación la dejó patitiesa:
—Ay, Vanesa. Seremos muy buenas amigas y todo, pero le dejaste la cara marcada a la señora Ramírez. ¿Qué pretendes que yo haga? Ayer mismo te rogué que no te metieras con ella. Pero tú, en tu necedad de que te había robado a tu asistente y de que te había ganado el proyecto, dijiste que no se la ibas a perdonar... En fin.
A Vanesa le temblaron los labios; se quedó sin palabras.
¡Maldita Lorena! Ayer había sido ella quien le había metido la idea de golpear a Erika; y hasta había participado en los insultos.
¡Y ahora pretendía embarrarla a ella con toda la culpa!
¿Acaso buscaba lavarse las manos?
¡No podía ser!
¡Era imposible!
¡Eran mejores amigas!
¿Años de amistad echados a la basura de esa forma?
—Lorena...
Vanesa pronunció su nombre con incredulidad. Tragó saliva y prosiguió:
—Lorena... Ayer tú no dijiste eso. Tú...
—¿Yo qué? Creo que el susto ya te afectó la memoria. Para que sepas, guardé un registro de lo que platicamos ayer, ¡míralo con tus propios ojos! Y no te quedes ahí parada, discúlpate de una buena vez con la señora Ramírez. ¡Pídele perdón!
Lorena interrumpió la frase rápidamente; le aterraba que siguiera hablando de más.

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