Sus palabras sonaron tan suaves y empalagosas que hasta a ella misma se le puso la piel de gallina por actuar de manera tan exagerada.
¿Estaba sonando lo bastante falsa e interesada? ¡Ella creía que sí!
¡Era más que suficiente para darle asco a Lorena!
Por su parte, Valerio no supo qué decir al instante.
La repentina cercanía de Erika lo dejó atónito.
De manera casi inconsciente, extendió el brazo y la rodeó con fuerza.
Al bajar la mirada hacia la mujer entre sus brazos, notó cómo su largo y sedoso cabello se desparramaba libremente sobre su brazo.
Quizás por haber dormido bien o porque había comido rico...
...el caso es que su rostro ahora lucía rosado, impecable y de una tersura admirable.
Y, sobre todo, su mirada estaba repleta de ternura y vulnerabilidad...
Nunca imaginó que Erika, siempre a la defensiva, pudiera tener un lado tan encantador.
Valerio pasó saliva con pesadez; sus ojos brillaron con el deseo de quien está frente a su presa.
De no haber tanta gente ahí, le habría resultado mucho más difícil contenerse.
Tardó un buen rato en reaccionar. Tras aclararse la garganta, sentenció:
—En la familia Ramírez somos conocidos por pagar los favores... pero también por cobrar las deudas.
Tan pronto como él terminó de hablar, Erika le regaló una sonrisa dulce.
Por fuera, irradiaba dulzura y sumisión.
Pero por dentro, ya estaba maquinando la mejor manera de castigar a quienes la habían difamado y humillado.
Jamás le había gustado fingir y tampoco quería hacerlo ahora.
Sin embargo, todo ese teatrito iba dedicado a Lorena.
Recordaba cada puñalada verbal que la mujer le había susurrado al oído, palabras que se le clavaron en lo más hondo del alma.
¿No que Lorena estaba loca por Valerio? ¿No que ya se habían acostado?
Esta escena seguro bastaría para que a la mujercita le hirviera la sangre, ¿verdad?
Al pensar en eso, la expresión de Erika se endureció un poco.

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