***
Como Erika no alcanzaba a escuchar bien, empujó la puerta con muchísimo cuidado para abrir una rendija mínima.
Contuvo la respiración y volvió a afinar el oído.
—Abuelo, ya se hizo todo como usted me ordenó —se escuchaba.
—Abuelo, yo también voy a investigar como me pidió. Si no hay cambios en los resultados, hasta aquí llega este asunto.
—Es que Erika... si el bebé fuera mío, ¿por qué me ocultaría su embarazo...?
—Tal vez ella y yo no estábamos destinados a estar juntos...
Las palabras de Valerio llegaban entrecortadas, y aunque no se distinguían del todo bien, una cosa sí quedaba clara:
Era evidente que Valerio estaba hablando con su abuelo sobre ella.
Erika empezó a sacar sus propias conclusiones. ¿Acaso el abuelo había presionado a Valerio para que volviera a hacer una prueba de paternidad? ¿Para que investigara de nuevo?
¿Sería por eso que la tenía encerrada aquí, esperando a que salieran los resultados?
Pero si los resultados salían a la luz, era un hecho que menos la iba a dejar ir.
Después de todo, Valerio jamás permitiría que la sangre de la familia Ramírez anduviera regada por ahí.
Erika quería acercarse para escuchar un poco más, pero justo en ese momento oyó pasos viniendo desde las escaleras.
Cuando apenas se estaba enderezando para irse, la puerta del estudio se abrió de golpe.
De inmediato, Erika fingió que solo iba pasando e intentó alejarse a paso rápido.
Sin embargo, Valerio dio unos pasos al frente y le bloqueó el camino:
—¿Qué haces aquí arriba a esta hora?
Erika se detuvo de golpe y lo miró con indiferencia, sin decirle ni una palabra.
Justo en ese momento, los pasos que se escuchaban en las escaleras se acercaron.
Sofía llegó caminando de prisa y le avisó:
—Señor Ramírez, le había preparado un postre a la señora, pero su familia se lo comió todo. Ya iba a subir para traérselo, pero apenas salí de la cocina me lo quitaron de las manos.
Valerio frunció el ceño.
Erika lo miró con apatía. No había nadie más, ¿para quién montaba ese teatrito?
Asuntos que antes le valían madre, ¿ahora se los preguntaba uno por uno?
Si la tenía ahí secuestrada, seguro era porque tramaba algo.
¿De verdad estaba tan aburrido como para andar preguntando esas tonterías?
A pesar de todo, Erika hizo un esfuerzo monumental por tragarse las ganas de insultarlo. Ya que estaba ideando un plan para escapar, lo mejor era que Valerio bajara la guardia y creyera que ella estaba dispuesta a quedarse.
Pensando en eso, Erika le contestó sin ninguna emoción:
—Si unos padres quieren a un hijo o no, es bronca de ellos, no mía. Si ya no necesitas nada más, me voy a mi cuarto a descansar. Bajo cuando sea la cena.
Dicho esto, Erika regresó a su habitación sin mirar atrás.
Después de echarle llave a la puerta, fue rápido a revisar la mochila que se había llevado y que los empleados le habían quitado.
Tal como se lo imaginaba, solo quedaban unos cambios de ropa. Su identificación ya no estaba.
Erika soltó un ligero suspiro y se convenció de no pensar en eso por ahora; lo más importante era recuperar su salud.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón