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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 244

Valerio se quedó mirando el papel sobre la mesa y murmuró con tono sombrío:

—Eri, ¿de verdad necesitamos hacer este tipo de trámites entre nosotros?

—¿Acaso no me hiciste firmar y poner huella cuando nos divorciamos? —le espetó Erika—. Para ti diez millones de pesos son nada, pero para mí eso representa toda mi vida. Ya que lo mencionaste, ¿cómo voy a saber que no te vas a echar para atrás? Tú sabes muy bien cómo usar jugadas sucias.

—¿Alguna vez jugué sucio contigo? —preguntó Valerio.

Erika no le siguió la corriente y fue directo al grano:

—¿Vas a escribir o no? ¿Vas a firmar o no?

Valerio observó la tranquilidad en el rostro de Erika y, de pronto, sintió como si le hubieran tendido una trampa.

Sabía muy bien en el fondo que, si ella se había quedado en la mansión, seguramente era por esa maldita deuda.

Si perdía ese pretexto para retenerla a su lado...

—Entonces, ¿solo lo decías por jugar? —lo cortó Erika al notar su silencio, exponiendo sin filtros el propósito del dinero que ambos tenían clarísimo—. ¿Si me perdonas la deuda tengo que hacer todo lo que digas en este instante? ¿Regresar contigo esta misma noche? ¿Dormir en la misma cama? Y si la deuda sigue ahí, ¿tendrías una excusa para controlarme y, de pasada, amenazar a mi amiga?

Valerio frunció el ceño. Antes pensaba que Erika era un tanto tonta, pero ¿cómo es que de repente se había vuelto tan viva?

¿Cómo era capaz de adivinar todo lo que él traía en mente?

Pero como ya lo había dicho, si se negaba a firmar, quedaría como un hablador. Si lo hacía, el rechazo que sentía Erika hacia él se volvería peor.

En realidad, su intención al decirle aquello había sido conmoverla, esperando que eso y sus constantes atenciones hicieran que ella se quedara en la mansión de buena gana.

Tras un largo silencio, Valerio habló con voz suave:

—Lo escribiré.

Erika se hizo la desentendida y siguió comiendo, pero no dejaba de lanzarle miradas disimuladas al papel.

Vaya... se notaba que era un empresario de primer nivel, su manera de redactar era bastante clara.

En cuestión de minutos, una carta de compromiso perfecta aterrizó en las manos de Erika.

Con ese pensamiento en mente, Valerio empezó a mostrarse de lo más atento: le sirvió más sopa, le quitó las espinas al pescado, le peló los camarones...

Su nivel de consideración era algo nunca antes visto, como si hubiera pasado de ser un hombre de hielo al más romántico del mundo.

Y, quizás porque finalmente se había quitado un enorme peso de encima, Erika pudo disfrutar de su comida por completo.

***

Al llegar la noche.

En cuanto Erika entró a su habitación, cerró la puerta con seguro por dentro.

En el transcurso de la velada, Valerio no dejó de buscar excusas para acercarse; primero diciendo que le traía de comer, luego que le llevaba algo de beber.

Erika no lo dejó pasar en ningún momento. Solo le gritaba desde adentro que dejara todo junto a la puerta.

Ella podía sentir que él se quedaba un buen rato parado afuera antes de marcharse.

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