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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 246

Poco después, el mayordomo le preparó el coche para salir y, tal como lo ordenó Valerio, le asignó dos escoltas.

Erika le pidió al chofer que la llevara a la misma plaza de ayer. No solo no se quejó de llevar guardaespaldas, sino que hasta les compró café, actuando de lo más normal.

Para los escoltas, esto parecía un trabajo bastante relajado. Cuando Erika entraba a las tiendas, ellos se quedaban esperando afuera sin apuros.

Erika caminó por un buen rato hasta calcular que ya era la hora adecuada. Entonces, les dijo con mucha cortesía:

—Tengo que ir al baño, espérenme aquí.

Uno de ellos le contestó de inmediato:

—Señora, el señor Ramírez nos ordenó que no nos despegáramos de usted ni por un segundo debido a su estado.

Erika se molestó un poco. Valerio realmente les había dado instrucciones de no perderla de vista.

Su tono de voz se volvió frío:

—¿Ah, sí? ¿Me estás diciendo que quieres meterte conmigo al baño de mujeres?

—¡No, no, no! No me refería a eso —aclaró rápidamente uno de los hombres agitando las manos—. Podemos esperarla afuera de la puerta. Si le pasa algo o se siente mal, solo tiene que gritar y entramos de inmediato.

Erika frunció el ceño y asintió, fingiendo que no le daba importancia:

—Bueno... vamos entonces.

Sus pasos eran tranquilos y sin prisa. Al entrar a los baños, se dirigió directamente al último cubículo.

Tocó la puerta tres veces y de inmediato le abrieron desde adentro.

—Pásale rápido —susurró Martina.

Apenas entró, le pusieron el seguro a la puerta.

***

Afuera, los dos escoltas esperaban muertos de aburrimiento. Después de intercambiar miradas, el que se llamaba Izan murmuró en voz baja:

—Oye, ¿por qué crees que el jefe traiga tan checadita a su esposa?

Los dos se empezaron a asustar. Víctor detuvo en seco a una muchacha que iba saliendo:

—Señorita, disculpe, la mujer a la que cuidamos lleva media hora ahí adentro. ¿Podría hacernos el favor de ir a checar cómo está?

Izan también se apresuró a agregar:

—Sí, por favor. Lo que pasa es que está un poco delicada de salud y tememos que le haya pasado algo. Le rogamos que cheque en cada cubículo. Se llama Erika.

A continuación, ambos le describieron el aspecto y la ropa que llevaba Erika.

Al escuchar que la mujer estaba enferma y podría correr peligro, la chica sintió empatía y decidió ayudar.

Regresó corriendo al baño, y se puso a tocar las puertas de cada cubículo para preguntar.

No tardó en salir de nuevo, jadeando.

—Jóvenes, ya toqué en todos lados. Hay un montón de baños vacíos y las mujeres de los que sí estaban ocupados me dijeron que ninguna se llamaba Erika. Hay otros baños en este mismo piso, ¿están seguros de que se metió aquí?

Los guardaespaldas cruzaron miradas e, inmediatamente, tomaron la decisión unánime de informarle a Valerio.

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