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Plaza Avenida Central.
Valerio estaba sentado en una silla dentro de la sala de seguridad de la plaza comercial. Traía el cuello de la camisa totalmente desacomodado y el cabello alborotado por pasarse las manos con desesperación.
Clavaba una mirada furiosa en la grabación de las cámaras, repitiendo el clip donde Erika entraba al baño una y otra vez.
No lo podía creer. Se rehusaba a aceptar que la mujer se había esfumado así nada más.
—¡Sigan buscando! ¡Revisen cuadro por cuadro! —ordenó Valerio con tono implacable.
El gerente de la plaza, que permanecía de pie a un lado mostrando un respeto casi servil, se secó el sudor de la frente y contestó con cautela:
—Sí, señor Ramírez. Por favor, trate de calmarse. Las cámaras de afuera cubren todos los ángulos posibles y el baño no tiene otra salida. Incluso si pensamos en los ductos de ventilación, eso tampoco tendría sentido. Están demasiado altos y las rejillas no se quitan con un desarmador cualquiera.
Valerio lo interrumpió con evidente fastidio:
—¡Mejor dígame cómo la encuentro y ahórrese las excusas inútiles!
El gerente sintió un escalofrío por la espalda y tartamudeó:
—Señor Ramírez, mis guardias de seguridad aquí hacen lo que pueden con las cámaras, pero no tienen poderes mágicos... Usted que tiene tantos contactos, si pudiera llamar a unos investigadores privados o peritos, yo creo que dar con ella no sería ningún problema.
Al escuchar esa sugerencia, Valerio frunció el ceño e hizo una seña con el dedo para llamar a Diego, que estaba cerca.
Tras darle un par de indicaciones precisas, Diego salió corriendo de la sala de seguridad en dirección al estacionamiento.
Valerio le echó una mirada cortante a todos los presentes y le ordenó al guardia que regresara el video al minuto exacto en que Erika había entrado al baño.
Él mismo escrutaba la pantalla, intentando hallar el más mínimo rastro de Erika.
Pero por más que rebobinó la grabación una y otra vez, no encontró nada.
Valerio ya estaba perdiendo los estribos, y al notar que el gerente de la plaza seguía parado a su lado, le soltó en tono gélido:

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