Al mismo tiempo.
En Solara. Mansión Ramírez.
Los empleados estaban parados en fila, con la cabeza agachada, y a un lado de ellos estaban Isabel y María.
Valerio golpeó la mesa con los nudillos. Su voz sonó sumamente implacable:
—¿Quién de ustedes va a hablar primero?
Todo el personal de servicio mantuvo la mirada en el suelo, sin atreverse a pronunciar palabra. Finalmente, fue María quien rompió el silencio con voz suave:
—Señor Ramírez, todo transcurrió con total normalidad antes y después de que la señora saliera. No me comentó absolutamente nada.
María de verdad no lograba entenderlo. Había salido como de costumbre y llevaba dos guardaespaldas cuidándola; ¿cómo era posible que simplemente desapareciera?
Además, después de que Erika se marchara, María había subido a la habitación principal para hacer la limpieza.
No se había llevado ropa ni ninguna de sus pertenencias.
Al salir de la casa, apenas llevaba una bolsa pequeña colgada del hombro.
María observó el rostro ensombrecido de Valerio. Al ver que no respondía, no se atrevió a agregar ni una palabra más.
Al final, Valerio no consiguió sacar nada útil de ella.
Su mirada helada se clavó entonces en Isabel, y le ordenó de inmediato:
—¡Habla tú!
Era evidente que la actitud amenazante de Valerio la había aterrado. Comenzó a tartamudear:
—Erika... Erika solo me dijo que iba a salir a comprar unas cosas, nada más. En todos estos días nunca me comentó que tuviera intenciones de irse...
Intimidada por la pesada atmósfera, Isabel rompió a llorar antes de poder terminar la frase.
Un fuerte sentimiento de frustración invadió a Valerio, quien le gritó al mayordomo que estaba junto a la puerta:
—¡Prepara el coche y que el chofer la lleve a su casa!
El mayordomo, que también mantenía la cabeza agachada, respondió de inmediato:
—Enseguida, señor Ramírez.
Isabel se limpió las lágrimas y murmuró:
—Voy arriba a recoger mi equipaje...
Así, Isabel corrió al segundo piso, llenó una maleta completa con las compras de su última salida y con prendas que sacó del clóset. Luego, bajó las escaleras a toda prisa y salió de la casa siguiendo al mayordomo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón