Diego le echó un vistazo al dispositivo y le sugirió:
—¿Por qué no mejor esperamos a que él salga?
María aceptó la sugerencia. Como no tenía ninguna otra tarea pendiente por el momento, se quedó de pie junto a Diego.
Apenas se había acomodado cuando comenzaron a escucharse una serie de estruendos provenientes del estudio; sonaba como si estuvieran haciendo pedazos todo a su paso.
Ambos intercambiaron una mirada de total estupor. Con voz aterrada, María le susurró a Diego:
—El señor Ramírez jamás ha sido de los que rompen cosas de coraje. ¿Qué le estará pasando?
La mente de Diego trabajaba a toda velocidad buscando una explicación. ¿Acaso sería por culpa de los resultados de ADN?
¡Se trataba de una segunda prueba! ¿Sería posible que...?
Consciente de que él era la única persona que estaba al tanto del asunto, prefirió desviar la atención y le comentó a María:
—Seguramente está destrozado porque la señora se fue...
María dejó escapar un profundo suspiro.
—Cuando regresé de mi pueblo y vi que ella había vuelto a la mansión, creí que ya habían arreglado sus problemas. Y ahora pasa esto...
Sentía una preocupación genuina por Erika. Embarazada y sin nadie en quien apoyarse, ¿adónde podía haber ido?
Estaba claro que no podía contar con el apoyo de la familia Milán. ¿Cómo iba a salir adelante a partir de ahora?
Apesadumbrada por aquellos pensamientos, concluyó que Valerio seguiría ocupado en su despacho y que el celular de Isabel podía esperar. Intercambió un par de frases más con Diego y luego bajó al primer piso.
Diego continuó su guardia frente a la puerta, aguardando por nuevas instrucciones.
Sin embargo, al final lo único que recibió fue un mensaje de texto de Valerio:
[Puedes retirarte].
***
Familia Milán.
Ya en casa, Isabel se encontraba en la sala abrazándose las piernas y sollozando sin consuelo:

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