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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 504

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Cuando Martina terminó su exposición, no notó ningún cambio en el rostro de Valerio, pero los tres hombres en el sofá empezaron a murmurar entre ellos, asintiendo constantemente.

Luego, Valerio tomó la palabra:

—¿Qué les parece?

Los tres hombres repasaron el análisis de Martina y coincidieron en que su visión era profunda y sumamente detallada.

En resumen, la miraban con profunda admiración y no dejaban de elogiarla.

Martina sabía perfectamente que no eran halagos vacíos, sino una evaluación objetiva.

Quizá en otros aspectos de su vida era un desastre, pero en su trabajo, su confianza era de acero.

Martina asintió con modestia, sin decir una palabra más.

Pronto, Valerio despidió a los tres ejecutivos, dejándolos a solas en la oficina nuevamente.

—Toma asiento —indicó él.

Valerio caminó hacia el sofá y se sentó, haciéndole un gesto a Martina para que tomara el sillón lateral.

Ella se sentó con cierta rigidez, con la cabeza un poco baja, esperando a que él hablara.

Valerio le dio un sorbo a su café sin prisa y dijo con frialdad:

—El puesto de gerente general en DC Entretenimiento está vacante. ¿Te interesa?

Martina se quedó en blanco.

¿Qué clase de jugada era esta? Ella había venido a pagar una deuda, ¿y ahora resultaba que el señor Ramírez le estaba ofreciendo trabajo? ¿Y como gerente general, nada menos?

Había pasado años partiéndose el lomo en Punto de Fuga Agencia solo para llegar a ser gerente de departamento.

Pero conociendo a Valerio, sabía que esto no era tan simple. El talento sobraba en el mundo, no tenía por qué ser ella obligatoriamente. Que la eligiera a ella olía a gato encerrado.

Aunque a Martina se le hacía agua la boca ante tremenda oportunidad, solo de pensar que esto podría enredar a Erika, prefería rechazarlo.

Así que, sin rodeos, declinó la oferta:

Ella era impulsiva y, desde que pisó esa oficina, solo pensaba en terminar el asunto rápido.

Dejar sus cosas, hacer una reverencia, dar unas sinceras gracias y marcharse.

Si él necesitaba que ella firmara el traspaso de la casa o el auto, vendría al instante, y cuando tuviera más dinero, seguiría pagándole.

Aunque no sonara como el típico agradecimiento sumiso, a ella no se le daba bien andarse con rodeos...

Además, intentar jugarle a la estrategia con alguien como Valerio Ramírez era un suicidio; ni con diez cerebros le ganaría.

En esos pocos minutos de "charla", Martina se sentía asfixiada e incómoda.

Era mil veces mejor ser directa, para evitar que la tuviera en sus manos y la usara en un futuro.

Pensando en eso, Martina soltó un largo suspiro y habló a toda velocidad:

—Señor Ramírez, soy una persona directa, no me lo tome a mal. Usted me salvó la vida, y haré todo lo que esté en mis manos por pagarle este enorme favor, pero esto se queda estrictamente entre usted y yo...

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