Sintiendo que estaba dando demasiadas vueltas, Martina fue al grano:
—Siento que me ahogo si no lo digo. Sé que me salvó por consideración a Eri, pero... si cree que por esto voy a ayudarlo a ganársela de nuevo, no cuente conmigo. En cuanto a la gerencia de DC, no la acepto, y también temo que usted...
Martina se detuvo al ver que Valerio levantaba la mano, indicándole que guardara silencio.
Ella parpadeó y se tragó el resto de las palabras.
El aire en la habitación se volvió tenso durante unos segundos, hasta que Valerio finalmente habló:
—Ya te lo había dicho antes, lo que pase entre Eri y yo no tiene nada que ver con los demás. Eres una mujer inteligente, supongo que entiendes perfectamente a qué me refiero.
Martina guardó silencio. Lo había entendido a la perfección.
Ese hombre no solo le estaba recriminando el haberse metido antes en sus asuntos, sino que le estaba advirtiendo que no volviera a meter las narices entre él y Erika.
Sin embargo, lo que realmente la tomó por sorpresa fue que no aprovechara esa enorme deuda de gratitud para obligarla a ayudarlo con Erika.
Si todo no hubiera pasado tan rápido, incluso habría pensado que Valerio iría a decirle a Erika que podía salvarla para obligarla a volver con él, o que, tras sacarla de prisión, iría corriendo a cobrarle el favor a Erika.
Había subestimado y juzgado mal a ese hombre...
Después de un largo rato, Martina asintió, cediendo.
Pensó que Erika ya había sufrido demasiado y debía ser capaz de decidir su propio camino hacia la felicidad, y a qué hombre elegir.
Al mismo tiempo, consideró esa concesión como su forma de pagarle a Valerio el haberla salvado.
Un momento después, justo cuando Martina se levantaba para irse, la voz de Valerio sonó de nuevo:
—Siempre mantengo mis asuntos personales separados del trabajo. Si te interesa DC Entretenimiento, preséntate el lunes en la sede para la junta semanal.
Martina se detuvo en seco, dudando. Tras pensarlo unos segundos, respondió:
Diego le puso la carpeta en las manos, dio media vuelta hacia el edificio y lanzó una última frase por encima del hombro:
—Dijo que usted aceptará.
Martina se quedó parada en la acera durante un largo rato antes de subir a su auto y alejarse del Grupo Ramírez.
Le había dicho a Valerio que le daría una respuesta la noche siguiente. No tenía intención de contarle a Erika que él la había salvado.
Pero en cuanto a trabajar en DC Entretenimiento, personalmente moría de ganas de aceptar, aunque primero quería escuchar la opinión de Erika.
Llamó a su amiga para asegurarse de que estaba en casa y condujo directo hacia allá.
Al entrar, Erika le acercó unas pantuflas mientras le decía con tono preocupado:
—Ay, mírate... Pasaste días horribles encerrada ahí y en lugar de descansar un poco, te vas a primera hora a tramitar tu renuncia. De verdad que me preocupas.

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