Martina le restó importancia:
—Ni me lo menciones. Esa empresa de porquería me daba asco con solo estar un segundo más ahí; ni loca dejaba mi nombre asociado a ellos.
—Está bien, está bien, lo que te haga sentir mejor —dijo Erika con una sonrisa mientras acomodaba las cosas de su amiga y la llevaba hacia la sala—. Siéntate ahí, voy a prepararte algo de tomar.
Martina se dejó caer en el sofá y dijo con pereza:
—Un té de frutas está bien. Por cierto, en la noche invitemos a Adrián y vayamos a cenar los tres para celebrar.
Erika sonrió:
—Claro. Hace mucho que no nos juntamos. Ve un rato la televisión, el té estará listo en un momento.
Cuando Erika regresó a la sala con el té de frutas, Martina ya había organizado sus pensamientos.
Tomó un par de sorbos y justo cuando iba a hablar, Erika se le adelantó:
—Marti, ya que renunciaste, ¿tienes algún plan en mente para el futuro?
Martina asintió, y luego negó con la cabeza rápidamente.
Al ver su reacción, Erika frunció el ceño y preguntó:
—¿Ya tienes alguna oferta? Pensaba que, si no te molesta, podrías venir a trabajar a mi estudio y nos vamos mitad y mitad.
Martina tomó la mano de Erika y dijo:
—Yo solo sé de publicidad, no tendría mucho que hacer en tu estudio de fotografía.
Erika le respondió con entusiasmo:

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